Doce instantes gastronómicos memorables que viví en Buenos Aires en los últimos meses.

Por Cecilia Boullosa (Chica Eléctrica) para Postal Postal.


Cuando estoy en Buenos Aires, por semana voy a seis o siete coordenadas gastronómicas. Pero no en todas me llevo un recuerdo tan positivo y confortable que me hacen querer volver y sentir necesidad de recomendarlas cuanto antes. Por eso: ¿qué es para mí un instante gastronómico memorable? Ya sea en un restaurante o en un café, en un local discreto, sencillo y delicioso o en una propuesta de lujo. Es un efecto casi corporal. Es como cuando un pasaje en un libro o una escena en una película se te quedan repiqueteando en el cerebro. Es un efecto de bienestar que me lleva inmediatamente a pensar: ¿cuándo vuelvo a este lugar? A su vez, me interesan los contrastes. En esta nota para POSTAL POSTAL no hice una selección de instantes de un solo tipo de espacio, para un tipo de público similar. Me gusta la diversidad. Por eso menciono al mejor ceviche que probé en años, y que lo hice en un local en una galería de Once, y también hablé de lugares más sofisticados y elegantes como Mansión Mihura con sus sillones de terciopelo. Para mí en lo diferente, en lo diverso, está la felicidad. Y es donde hallo los siguientes instantes de postal, en distintos barrios porteños.

1) «Una noche templada en el patio de Casa Cavia probando las pastas de Félix Babini y dejándome guiar por Delvis Huck, la mejor sommelier de Argentina.» / Casa cavia – Cavia 2985, Palermo Chico.


La primera carta de Félix Babini para Casa Cavia, llena de picantes, dulzores, texturas y riesgo. Lo que me gusta, me gusta mucho: el bocado de frutillas y remolachas con queso de cabra, las pastas (la especialidad de Felix) con amarettis. Sentarme en el patio en una noche calurosa de otoño, dejándome guiar por Delvis Huck, la mejor sommelier de Argentina, que elige sauvignon blancs cordobeses y chardonnays salteños. También, probar por primera vez la carta sin alcohol de la bartender Flavia Arroyo. En general estoy en contra, pero esto es otra liga: cócteles que perfuman la noche. Delicados, sutiles, hermosos, porteños. 

2) «Tomarme un café con un pan de yuca en Senén, un café muy genial de Almagro que es un portal a la Habana con un tocadiscos siempre sonando». / Senén – Yatai 738, Almagro.


Un café muy genial de Almagro que debería ser más conocido. Su dueño es un chico cubano, nieto del guitarrista Senén Suarez, que fue parte del Tropicana en su época dorada (donde toco y alternó con todos, desde Carmen Miranda y Libertad Lamarque hasta Celia Cruz). El lugar es un primor: un portal a La Habana en calle Yatay, una carta de amor de un nieto a su abuelo. Tocadiscos siempre sonando, vinilos para elegir, revistas antiguas, unos lindos sillones de cuero para pasar el rato escuchando boleros. De yapa, el café y el pan de yuca relleno de dulce de guayaba son geniales. 

3) «Los fabulosos langostinos Thermidor, las vieiras y el pulpo grillado que prepara el gran cocinero Maximiliano Matsumoto en la casona de Mansión Mihura, una de las aperturas más notables de Buenos Aires.» / Mansión Mihura – Las Heras 1725, Recoleta.


El esperado regreso de un gran cocinero a Buenos Aires. Maximiliano Matsumoto volvió de Montevideo para ponerse al frente de Mansión Mihura, un ambicioso proyecto en Recoleta con dos restaurantes (uno más casual, otro fine dining), un bar y un club privado. La casona es típica de la Belle Époque sobre avenida Las Heras. Pude probar algunas cosas de Atrium -el restaurante casual- y del bar. Me quedo con unos fabulosos -y bastante retro- langostinos Thermidor, con el delicioso arroz jazmín y vieiras y pulpo grillado de apariencia sencilla y de técnica sofisticada y con las ostras a la parrilla. Gran apertura en Buenos Aires. 

4) «Disfrutar de la ambientación y deco maravillosa de Damasco, un flamante Dining Studio digno de una gran capital del mundo». / Damasco – Virrey Loreto 2035, Belgrano.


Me atrapa desde su nombre.  Es el nuevo espacio en Belgrano de la joven cocinera Eugenia Romano, que vivió varios años en Tel Aviv. No es un restaurante, no es un bar, es un Dining Studio en un edificio con mucha historia, para hacer reuniones, encuentros y pop ups con una cocina super equipada. La deco es maravillosa: parece un departamento de los años ’70 en una gran capital del mundo, que podría ser Buenos Aires, pero también Nueva York o Londres.  Paredes color dulce de leche, sillones de pana, mesas ratonas de acero cromado. “Queríamos evocar algo de ese espíritu un poco risqué un poco pecaminoso, un poco prohibido— que tan típicamente proponían los sets de esos años –¿los últimos todavía inmunes a la globalización generalizada?”, me escribe el arquitecto Tomás Powell. 

5) «Probé uno de los mejores ceviches de mi vida en Barra Kone y ya fantaseo con volver». / La Barra Kone: Corrientes 2451 PB local 26, Once.


Escondido en una galería de Once de los años ’60 que hasta guarda uno de los murales más grandes de Kosice, me topé con una de los mejores ceviches que probé en los últimos años. Lo preparan a la vista, con el pescado más fresco que tengan -el día que fui era de mero- y lo sirven con su leche de tigre aparte. Se llama la Barra Kone. Hay tres o cuatro barras para acomodarse, chifles para ir picando mientras llega el plato y algunas otras especialidades peruanas como tamales y combinados. Ya estoy fantaseando con volver. 

6) «Un helado de crema jersey o un gusto frutal de temporada en la heladería Kiosco El Preferido, el lujo más asequible del mundo» / Guatemala 4785 – Palermo.


La visité un par de veces desde que abrió en noviembre. Amo que las heladerías estén abiertas hasta muy tarde en Buenos Aires y muchas veces me salteo el postre en un restaurante para hacer el after en alguna de ellas. De la de El Preferido, obra de Pablo Rivero y Guido Tassi, me gustan la crema Jersey y en especial, el frutal de temporada, que suele ser fantástico: pueden ser unos damascos, unas ciruelas remolacha, durazno blanco, o frutas combinadas. El lujo más asequible del mundo. 

7) «Una mañana de sábado en Casa Demaire para volverme con objetos maravillosos.» / Casa Demarie – Carlos Calvo 1701, San Telmo.


Tantos años viviendo en Buenos Aires y no fue hasta hace unas semanas que me enteré de la existencia de este bazar gastronómico ¡fundado en 1920! Casa Demarie cerró oficialmente hace ocho años, pero ni su dueño, Atilio Demarie, ni su ayudante histórico, que entró con 15 años y trabajó toda su vida allí pudieron dejar de ir. Así que atienden un ratito, solo los sábados de 8 a 12  y con turno previo. Las persianas están bajas y se ingresa por una puerta alternativa. Adentro, el lugar es un sueño de estanterías altísimas y objetos maravillosos. Fui por la charla y me volví con budineras, ralladores de quesos con mango de cobre, ollas pesadas de aluminio y algunas cosas más. Mágico lugar, de los que ya casi no quedan en la ciudad. 

8) «El menú degustacíón Paseo Marino en Ultramarinos, el recorrido por el mar argentino más entretenido que se puede hacer hoy en Buenos Aires (si se sientan en la barra, mejor aún)». / Ultramarinos – Arribeños 1980, Barrio Chino de Belgrano.


Pero no el menú a la carta: el menú degustación que se llama “Paseo Marino” y es el recorrido por el mar argentino más entretenido que hoy se puede hacer en Buenos Aires. Maxi Rossi recibe en su restaurante de Belgrano la pesca más fresca de Mar del Plata y el festival de frutos de mar que se extraen en la Patagonia. Recomiendo sentarse en la barra para ver cómo el chef y su equipo trabajan con maestría navajas, cholgas, vieiras, panopeas, almejas blancas, ostras. Me quedo grabado este paso: un plato combinando una veira patagónica a la brasa con verjus y lardo, una navaja con un crunchy de especias y un chipirón entero de Malvinas sobre un sofrito de pimientos, tinta de calamar y nduja. 

9) «La sopa agripicante y los dumplings deliciosos de un restaurante chino con más de 150 platos». / Rong Cheng – Viamonte 1169, Tribunales.


Uno de esos lugares que hacen enorme y variada la gastronomía de Buenos Aires. Ubicado frente al Teatro Colón, taché de mis pendientes este restaurante chino, que tiene más de 150 platos en carta y que es administrado por una mujer muy amable y sonriente. Entre el público, locales y también integrantes de la comunidad china. Plato de edamame, dumplings deliciosos y una suculenta sopa agripicante con fideos de mandioca y carne, ideal para afrontar la temporada de frío que se viene. 

10) «Una visita al único dos estrellas Michelin de Argentina que luce con mejoras con un nuevo y elegante espacio. ¿Para ir por la tercera? Dato: el pato es uno de los mejores que probé en mucho tiempo.» / Aramburu -Vicente López 1661, Recoleta.


Volví al único dos estrellas Michelin de Argentina, el restaurante de Gonzalo Aramburu en Recoleta. En tren de mejoras – y quién dice, conseguir la tercera- sumaron un elegante espacio con sillones y varias cavas, en donde se sirven los snacks y los postres del menú degustación. El primer piso, en tanto, se destinará a I + D. En la carta actual tienen un pato que es uno de los mejores que probé en mucho tiempo. Textura perfecta, acompañado de morillas y vegetales. 

11) «La torta vasca que empezó a vender la bartender Agostina Elena, cremosa, orgullosa de su «efecto lava» y bien doradita por encima.» / @vascatina en redes.

Foto: gentileza La Vascatina – fotógrafo Joaquín Camaño.

No me vuelve especialmente loca la torta vasca, pero me tenté con la que empezó a vender por delivery Agostina Elena. Agostina es bartender, personaje de las redes (sus videos se viralizan cada dos por tres) y ahora también la artífice de la marca Vascatina. Pedí una para compartir con mi familia (con higos por arriba) y una individual para cucharear. Cremosa, orgullosa de su “efecto lava” y bien doradita por arriba. 

12) «Voy varias veces por semana a la mañana y nunca me da lo mismo ir al café Shelter de Once, con su luz que entra a raudales, sus libros y revistas, su aroma a los granos tostándose, su «refill» de agua con limón». / Uriburu 353 – Once.


«No me da nunca lo mismo ir al café Shelter de Once, y eso que voy muy seguido, dos o tres veces por semana, desde que abrió en 2024. Hay algo en la luz que entra a raudales por los ventanales, en los sillones de cuero, en los techos altísimos de antigua oficina del ferrocarril y en la maravillosa puerta giratoria dorada por la que entrás, que te predispone a un humor particular: libros y revistas, café rico, buena playlist, un encargado que cada tanto te hace refill de agua con limón, el aroma de los granos tostándose, cero apuro. Es especialmente lindo por la mañana.


Fotos: son gentileza de los locales mencionados y de Cecilia Boullosa. Fotos de Casa Demarie y Rong Cheng son ilustrativas y gentileza de Unsplash +.