«No hay que ser insultante con los empresarios»: entrevista a Martín Yeza.

Por Santiago Eneas. Fotos: Alexis García Sánchez para POSTAL POSTAL.


Martín Yeza me comenta después de la entrevista algo interesante que tiene que ver con lo geográfico y lo demográfico: que como alguien del Interior, donde no existen los viajes largos y agotadores «como hacer una hora para ir del Congreso a Belgrano y una hora de vuelta al centro», y todo es mucho más apacible y amable en el día a día, el choque con la neurosis porteña perturba a los dirigentes y legisladores que vienen de las provincias o de localidades más chicas (la mayoría, en definitiva). Y cree, por lo tanto, que esa atmósfera nerviosa se termina contagiando a la actidud de los políticos que mal que mal, tienen que residir, como él que es diputado nacional, en Buenos Aires.


Yeza mide prácticamente dos metros de estatura, es un hombre leal a Mauricio Macri, eligió seguir con la camiseta del PRO y su perfil se vuelca cada vez más a los debates que giran en torno a las nuevas tecnologías y la innovación -acaba de publicar un libro «El Quinto Poder» sobre ciudadanía digital y democracia, prologado por Macri -. Fue el Intendente más joven del país (asesorado por Santiago Caputo, las vueltas de la vida) y de un lugar como Pinamar que le sirvió como vidriera, entre bosques, médanos y temporadas de verano. En esta entrevista de nuestra sección de PODER, Yeza fue generoso en definiciones con POSTAL POSTAL: ¿La Provincia de Buenos Aires tiene que amenazar con la secesión? ¿Por qué el PRO es como una empresa con fundamentos sólidos cuya acción vale menos de lo que debería? ¿La sociedad es quien regula a sus dirigentes y el gobierno tiene que tomar ya nota de eso? ¿Por qué es un error ser insultante con los empresarios? ¿Cómo es en serio Santiago Caputo más allá del personaje? ¿Quiere o no quiere ser candidato a Presidente?

Martín Yeza, para empezar a entender tus ideas: cómo es el país que imaginás.

Mi primer diagnóstico sobre Argentina es que tiene un sistema federal de coparticipación rentístico y mal diseñado. En donde provincias que no producen lo suficiente reciben más de lo que les corresponde. Es una anomalía. En países como Canadá o Australia, que uno podría emparentar con nosotros, eso no sucede. La provincia de Buenos Aires recibe la mitad de lo que produce y aporta. A su vez, tenemos la misma cantidad de senadores que Catamarca. Y si se actualizara la cantidad de diputados nacionales, tendríamos que tener el doble de los que tenemos ahora. ¿Cuántos años se supone que hay que financiar a provincias que quizás no tenían recursos en su diseño original? ¿Cincuenta? ¿Cien? ¿Ciento cincuenta? La Argentina que sueño no se puede lograr sin un diseño tributario más justo. El famoso contrato social se cimenta sobre algunas ideas. Salud, seguridad, educación y agreguémosle algunos aspectos más modernos como transporte, recolección de residuos y otros. Pero: cómo lo cumplís si recibís la mitad de lo que producís. El país no puede ser una carga para las provincias. Esto es un problema que si no se acomoda, es difícil imaginar que las cosas puedan salir bien en el país.

Vos estás en el Congreso, sos político, hablás con otros dirigentes: ¿creés que es viable cambiar esta estructura? Porque después cuando llega un nuevo partido al ejecutivo nacional con esta distribución de recursos tiene a muchas provincias cautivas.

Me gusta la figura del traidor del sistema. Lo que necesitaríamos es un gobernador de la Provincia de Buenos Aires que probablemente tenga que amenazar con la secesión de la Provincia si el resto de las provincias no está dispuesta a sentarse a discutir un nuevo régimen de coparticipación. Eso requeriría un gobernador que no quiera después ser Presidente. Suena raro, pero hay que estar preparados para esta discusión. Cuando se habla de la Argentina federal, a nadie se le viene a la cabeza la Provincia de Buenos Aires. ¿Cómo podés ser buen presidente si en el lugar donde vive el cuarenta por ciento de los argentinos sencillamente no vive bien?

¿Y el Conurbano tiene que seguir siendo de la Provincia o convertirse en una especie de región metropolitana?

Hay mucha gente que para parecer canchera, original, creativa dice: “hay que dividir a la Provincia de Buenos Aires”. ¿En cuatro? ¿En seis? ¿En ocho? El problema es que tenés que ir a un proceso de reforma constitucional, además la Provincia de Buenos Aires es pre existente al Estado Nacional. Yo creo que si no resolvés el tema de la coparticipación en unos años se va a hablar, efectivamente, de esa posibilidad más práctica de la región metropolitana. Ahora: cómo te sentás en una mesa de negociación sin una amenaza. Por eso yo digo lo de la secesión. Y si no se pueden ceder puntos de coparticipación, el Estado Nacional podría hacerse cargo de la salud, la educación y la seguridad en el Conurbano. Hace un año conversé con una vecina que me dijo que la habían choreado tres veces y al hijo de 16 años que volvía de una clase de natación le metieron un culatazo en la nuca y llegó todo ensangrentado. Y me preguntó: ¿qué hay que hacer con la Matanza? Yo pensé: cómo puede ser que a criaturas tan distintas como La Matanza con dos millones de habitantes y a General Madariaga con 25 mil las llamemos igual, “municipios”. Aunque seas de Izquierda o de Derecha, la tendencia en el diseño de las cosas te lleva hacia algún lugar.

Hablando de derecha y en cuanto al área metropolitana y los conurbanos. ¿No hubo en los últimos treinta años improvisación en la política migratoria también?

La Argentina tiene una ambición pensada hace ya prácticamente 160 años en donde cualquier persona que pisa el suelo argentino es una persona libre y dotada de derechos. Y eso es parte de nuestra cultura e identidad. En Pinamar donde el 85 por ciento de su población viene de otro lugar, comprendés que nadie llega porque te quiere destruir o invadir. En general la gente migra porque en sus lugares de origen no se cumplió el contrato social. Ahora, cuando un país no es próspero y está en crisis económica, la torta a distribuir es cada vez más chica. Entonces: ¿Nuestro problema de los últimos 25 años es la inmigración o es que no crecimos económicamente ni hay más empresas? Mi familia vino de Siria, de Paraguay y de Inglaterra. ¿Eso es muy argentino no?

Me gusta la figura del traidor del sistema. Lo que necesitaríamos es un gobernador de la Provincia de Buenos Aires que probablemente tenga que amenazar con la secesión de la Provincia si el resto de las provincias no está dispuesta a sentarse a discutir un nuevo régimen de coparticipación. Eso requeriría un gobernador que no quiera después ser Presidente. Suena raro, pero hay que estar preparados para esta discusión.

No crecemos porque tampoco se logran consensos mínimos sobre algún modelo económico. ¿Y ahora, mayo de 2026, dónde estamos parados? Hay algunas variables macro con algo más de equilibrio. Pero vos… ¿Cómo ves el panorama? ¿Sos optimista?

Yo pertenezco a lo que fue la tradición de Juntos por el Cambio en 2023 y nos tocó perder. La hipótesis de “seamos moderados, seamos de centro” para lograr la normalidad que desea la gente, no se cumplió. La que ganó fue la de Javier Milei quien con formas e ideas disruptivas hacia la derecha, terminó con una conversación en el centro. Muchos de los proyectos que presentan los libertarios, podrían haber sido escritos por nosotros perfectamente. Como la idea de obligar al privado a tener un fondo de desempleo. O la Ley de Glaciares, que sigue la tradición de países liberales progresistas como Canadá que plantea que a los glaciares se los protege, pero en la zona “periglaciar” se analiza caso por caso. Son ideas normales. Ahora la discusión pública tiene un centro.

Interesante, o sea, en esa línea de razonamiento, el estilo extremo del mileísmo construyó debates de centro.

Claro, se construyó un espectro en el medio donde habrá gente que algunas cosas les gustan más que otras en distintos temas. Algunos plantearán lo universitario como prioridad absoluta, otros el equilibrio fiscal a ultranza. O se puede debatir si conviene privatizar una empresa pública deficitaria. Ahora se estiró el espectro de la conversación.

¿El estilo dogmático y con gestos autoritarios del gobierno no puede llegar a crispar a la sociedad a un punto de caer en una deriva de confrontación e intolerancia cotidiana, de todos contra todos?

Yo soy un liberal pragmático y creo que los individuos, los ciudadanos, desarrollamos anticuerpos para las cosas. El kirchnerismo durante un tiempo “funcionó bárbaro” y en 2015 la gente ya no podía escuchar a Cristina (Kirchner) en cadena nacional. O al principio todos estaban “súper entusiasmados” con la cuarentena, con el «Alberto científico» mostrando sus filminas. Y después de un año y medio, la gente se cansó. Ahora veo lo mismo. La sociedad va poniendo límites. Fíjense que en un momento Milei dejó de insultar. ¿Porque tuvo un proceso de reflexión o porque a un grupo considerable de personas ya le estaba hinchando las pelotas tanto insulto? La sociedad va regulando a los gobernantes. Yo me planté en 2020 contra el ex ministro de Salud de la provincia Daniel Gollán porque le dije: flaco, nosotros vivimos exclusivamente del turismo, tenemos que encontrar la forma de que haya verano. En el Operativo Sol, Axel Kicillof me saludaba y después se limpiaba los puños porque yo era macrista. A Gollán le pedí que me explicara más sobre las cepas del Covid y me respondió que no tenía idea pero que a la gente había que meterle miedo. En ese momento se me hizo un “crac” en la cabeza donde entendí cuál era mi diferencia existencial con ellos. Si vos pensás que la gente es estúpida, le metés miedo. Si creés que no, le brindás información. La gente va dándose cuenta y genera anticuerpos. Ya pasa que detecta las fake news y la Inteligencia Artificial.

¿Dónde te parás en el debate económico de la Argentina a dos velocidades o con sectores enfrentados? La minería, el campo, la energía beneficiadas, la industria nacional, perjudicada. Que algunos llaman  modelo australiano, pero otros el del Congo. Se lo pregunto al liberal pragmático.

Hace poco estuve haciendo un programa en el MIT y en Harvard sobre desarrollo, economía, inteligencia artificial y democracia. Y uno de los profesores fue el economista Ricardo Hausmann. El tipo tiene una teoría muy espectacular que compara la economía con el Scrabble. A mayor cantidad de capacidades, más letras, pero también valen las capacidades que otro no tiene. Hausmann dice que Argentina es objetivamente un país en vías de desarrollo pero con cosas absolutamente inusuales como tecnología nuclear modular y tecnología satelital que la colocan en el podio mundial. Hausmann considera que hay que tener cuidado con interpretar literalmente la idea de destrucción creativa en la economía. Está la destrucción que tiene que ver con la evolución tecnológica y económica de algunos rubros y la que es «destruyamos a ver qué pasa después.» No creo que haga falta ser insultante con los empresarios. Una cosa es ir contra un modelo como paradigma, otra ser insultante contra los que con las condiciones que se les plantearon, hicieron caso en su momento y se adaptaron. Lo que no quita que Argentina pueda ir mucho más rápido en varios planos. Y patentar muchas más invenciones como hace Corea del Sur. Para lograrlo hay que tener fuerte el sistema educativo. Invirtiendo en educación de jardín de infantes, de primaria, secundaria, universitaria, científica y doctoral conectada con los mercados.

Bien, pero en los sistemas educativos innovadores y de excelencia, los docentes son muy bien pagos y muy bien seleccionados. Son una elite. También los científicos que en los países con muchas patentes como Israel, cobran excelente.

Claro, pero entonces, si hablamos una vez más de la Provincia de Buenos Aires, volvemos a la primera discusión y es matemática. Si producís 40 y te dan 20, no tenés plata. Lo segundo es que la cantidad de maestros suplentes hace que no puedas pagarle a un titular lo que corresponde. Otro problema es que el kirchnerismo se apoderó de la burocracia educativa. En mi libro El Quinto Poder cuento el caso de Gladys, que es una preceptora de Pinamar que nos dijo que los chicos no iban a la escuela y que les ponen “presente” igual para que no pierdan el plan social. Y Gladys diseñó una planilla digital en una tablet donde subía información real de presencialidad a la nube y la procesaba. Debe haber una Gladys en cada escuela. Pero cuando llevó este proyecto oficialmente a la directora de su escuela, en vez de premiarla, la castigaron y le hicieron “bullying”.

Al principio todos estaban “súper entusiasmados” con la cuarentena, con el «Alberto científico» mostrando sus filminas. Y después de un año y medio, la gente se cansó. Ahora veo lo mismo. La sociedad va poniendo límites. Fíjense que en un momento Milei dejó de insultar. ¿Porque tuvo un proceso de reflexión o porque a un grupo considerable de personas ya le estaba hinchando las pelotas tanto insulto? La sociedad va regulando a los gobernantes.

Sos un dirigente que siguió en el PRO y no hizo “la más fácil” que es pasarse al oficialismo victorioso. ¿Creés que el PRO puede resurgir?

Traigo una metáfora del mercado financiero. A veces pasa que caen las acciones de una compañía, pero vos la conocés de cerca, conocés su cultura, la materia prima y en definitiva, sabés que es más valiosa que lo que dice el mercado. Yo veo la materia prima del PRO en los municipios, las provincias y la comparo con la de los otros partidos políticos y veo una diferencia, sé cuando es del PRO. En general el del PRO tiene una mirada súper moderna, en donde el sector privado es fundamental pero el Estado tiene que funcionar de forma eficiente también. Es gente, asimismo, amable y moderada. Todos estos ingredientes, los otros no los tienen. Axel Kicillof hace inversiones de obra pública sin ver costo – beneficio, ni impacto. Y respecto a la Libertad Avanza yo soy muy amigo de Santiago Caputo, porque fue mi consultor durante muchos años cuando fui Intendente de Pinamar. Yo estuve como Presidente de la Asamblea de PRO que tenía que definir las alianzas. Y fue raro porque yo era una persona de confianza de Mauricio (Macri) y sabía que no iba a traicionar al Partido pero a su vez tenía un lenguaje común con Santiago. Es difícil explicar por qué en el Congreso votamos parecido pero somos culturas diferentes. Daniel Kahneman cuenta en un libro sobre dos empresas de ferrocarriles del Oeste de Estados Unidos que se fusionan pero dos años después, en vez de haberse potenciado, quiebran. ¿Por qué? Porque las culturas que llevó a cada una por separado a buenos resultados son bien distintas. Yo creo que sigue valiendo la pena ser del PRO. En Argentina estamos en una crisis profunda, hacemos política con una pistola en la cabeza, no estamos para jugar a la ventajita electoral de corto plazo. Yo desarrollé una imagen medio tonta. Pero es que podemos tener un candidato en 2027, pero va a ser una construcción como una casita de paja. Mi propuesta es que el PRO se ponga a construir una casita de ladrillos en 2031. Es una provocación, por supuesto. ¿Vamos a ser competitivos como en 2023? No. Pero estamos construyendo algo, viendo menos el minuto a minuto de si lo puteaste a Manuel Adorni o no. ¿Cómo vamos a potenciar un país que, como vos lo señalaste en un fragmento de la entrevista, va a contar con ecosistemas bordeando la cordillera que van a explotar de recursos y vamos a tener la concentración demográfica más grande de la Argentina alejadísima, a 2000 kilómetros de toda esa realidad económica? ¿Cómo vamos a administrar todo eso? ¿Y la infraestructura? ¿Y la educación? ¿Y la coparticipación? ¿Y qué hacemos con la Provincia de Buenos Aires? Entonces, yo prefiero que el PRO se encuentre construyendo una casita de ladrillos al 2031. ¿Es mucho o es poco? Estamos en 2026. En 5 años yo voy a tener 45, tampoco es tan grave. Mi hijo hoy tiene 6 y va a tener 11.

Me diste el pie. Santiago Caputo, a quien vos conocés hace mucho, es como un personaje de fantasía. ¿No? Como una suerte de monje negro brillante, que a su vez es un estratega fanático de la ideología del gobierno. ¿Cómo es realmente?

Mirá, yo creo que Santiago se tuvo que convertir en alguien que no era. Dada la necesidad que tenía el Presidente, en quien Santiago cree fervientemente. Él es un verdadero creyente de la causa libertaria. Y me doy cuenta que tomó la decisión de transformarse en lo que él consideraba que se tenía que transformar – digo, en el sentido del ejercicio del poder, de la influencia, de las discusiones, de la elaboración de ideas -, porque alguien lo tenía que hacer. Para ayudar al Presidente, quien más de una vez ha dicho que cree en él y lo considera su amigo. Si uno no entiende esto, es muy difícil comprender a Santiago. No es el “monstruo” al que aludís, en persona es súper amable. Pero tuvo que sacrificar cosas de su “yo” más auténtico en aras de la discusión política en Argentina. Las circunstancias lo llevaron a convertirse en un personaje. En la India, pero también puede pasar en el Muro de los Lamentos en Israel, el 98 por ciento de la gente es religiosa y cuándo te preguntan – ¿en qué creés? -, si les decís que no sos religioso, que sos un agnóstico liberal -y no digo ateo para no entrar en discusiones absurdas-, no lo entienden. Como nosotros en Occidente no entendemos que para los 1400 millones de hindúes, la religión sea una de las cosas más importantes de la vida. Y respecto a Santiago, si uno no entiende que es un verdadero creyente de lo que está haciendo, es muy difícil llegar a comprenderlo.

Soy muy amigo de Santiago Caputo porque fue durante muchos años consultor mío cuando era Intendente de Pinamar…Creo que Santiago se tuvo que convertir en alguien que no era. Dada la necesidad que tenía el Presidente, en quien Santiago cree fervientemente. Él es un verdadero creyente de la causa libertaria. Y me doy cuenta que tomó la decisión de transformarse en lo que él consideraba que se tenía que transformar – digo, en el sentido del ejercicio del poder, de la influencia, de las discusiones, de la elaboración de ideas -, porque alguien lo tenía que hacer.

Por último, tu nombre suena. ¿Te animás a ser candidato a Presidente?

No. No siento que tenga las características. Ser Presidente también implica convertirse en algo que no sos, romper tu yo. Lo que no tengo es ambición que es lo más importante. ¿Viste? Si te querés subir al ring y pararte delante del campeón tenés que aceptar dos cosas: primero, que te van a entrar piñas. Y segundo que lo tenés que noquear. Las piñas me las puedo bancar bastante pero no tengo el instinto de dañar. Lo que sí creo es que quiero tener formación presidencial para ser mejor diputado. Una vez después de una cena de la Fundación Libertad, Jorge Fontevecchia me hizo una nota y nos preguntamos por qué no podemos tener un “Lacalle Pou (ex presidentes uruguayos, padre e hijo) en Argentina. Una persona moderada temporalmente, liberal, que cree en un mercado importante y un Estado eficiente, que tiene sus ideas pero acepta a los que piensan distinto y esta cadencia tan uruguaya de, pese a todo, mantengamos un rumbo. Y yo estoy seguro que en Argentina está lleno de “Lacalle Pou”. Para salir de mi partido: el Intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella o el de Luján de Cuyo, Esteban Allasino. No sé si hay miles, pero cincuenta “Lacalle Pou” hay en Argentina. Pero entonces: si existen personas así, por qué no aspiran a más. Porque una persona razonablemente inteligente y buena y de carácter moderado…¿Por qué querría ser Presidente de un sistema con tantos problemas y tan tóxico en el sentido de las operaciones, de los grupos de poder, de las presiones? Y con el peronismo, si no sos peronista, respirándote en la nuca. No te raspes, porque si te sale media gotita de sangre estás al horno. Yo creo, entonces, que la Argentina necesita la mayor cantidad de gente posible que esté preparada para para que podamos aprovechar lo que se va venir en los próximos años que es la explosión energética, la explosión en minería, donde se va a liberar el talento del campo, se te van a acomodar todas las cuentas públicas y vamos a necesitar a una generación que piense al Estado y al progreso con otro paradigma. ¿Desde dónde se puede hacer? Creo que hay mejores lugares que un partido político. Yo creé algo que se llama Colossus Lab, que con tecnología (Inteligencia Artificial, análisis de datos, el principio de gobierno abierto) es un ámbito para hacer las cosas que creemos que se tienen que hacer, no necesariamente desde el Estado. Yo en política aprendí que la política no tiene más el monopolio del cambio. Y un grupo de cinco personas dedicadas a diseñar una solución pública, lo puede lograr. Vivimos en una época extraordinaria.