Por Santiago Eneas Casanello. Fotos: Ana Pareta para POSTAL POSTAL.
Santi Siri baja a abrir la puerta de su edificio, con su hija, una beba de un año, en brazos. La vida de este apasionado de la tecnología -emprendedor y divulgador- y pionero de las criptomonedas en Argentina tiene, en esta etapa, una dimensión casera y familiar importante. Es alguien amable, accesible y transmite una calma feliz, como la de alguien que está conforme con las cosas. Sus días transcurren entre reuniones en el Café Tabac de Buenos Aires, participaciones en distintos programas de radio, grabaciones de podcast, tardes frente a la computadora dedicadas a proyectos con Inteligencia Artificial, caminatas en busca de inspiración con el aire fresco en las plazas de su barrio.
Su casa es el reflejo natural de un espíritu curioso y de una persona ilustrada y cosmopolita: desborda de libros, de piezas de arte, de objetos curiosos. Un teclado marrón de una «Commodore» de los ochenta, una llamativa pantalla esférica fabricada en China, una foto con Vitálik Buterin, el programador ruso que creó la plataforma Ethereum, un afiche magnífico en tres dimensiones de la película Odisea del Espacio que compró por pocos dólares en California. En la charla con POSTAL POSTAL, este descendiente directo del Virrey Liniers, criado en un ambiente tradicional de Recoleta, que se define como «argentinista» y quien publicó en 2025 su segundo libro «Tecnosapiens», demostró que no teme decir lo que piensa sobre lo que sea: la polémica sobre la adicción a los celulares, las redes sociales, el fanatismo de los empresarios tecnológicos argentinos por la nueva derecha o la imagen pésima que tiene de Javier Milei.
Las nuevas tecnologías pasaron de tener una imagen positiva hace unos pocos años a esta etapa de mayor desencanto, tanto con las redes sociales, como con las cripto monedas, por mencionar dos de ellas. ¿Qué opinás?
Toda la tecnología tiene una fase de utopía, de entusiasmo, de adopción, de masificación. Y después viene la fase de distopía: decepción, manipulación, uso armamentístico contra nosotros. En los noventa, hubo con Internet una explosión de libertad de expresión. Después vino la industrialización y una red que responde a determinados intereses, la captura de nuestros datos, las “deep fakes” (contenidos falsos). Cuando era chico acceder a Internet era el momento de excepcionalidad en la rutina diaria. Ahora es al revés: ¿En qué momento tenés dos horas de silencio? Se invirtió la dieta de información. No dejo de perder de vista que estamos en una era donde todos tenemos supercomputadoras en el bolsillo pero también soy padre y veo los riesgos de la socialización online.
¿Les das pantallas a tus dos hijas?
Siempre digo que soy el padre más pro pantallas del mundo. Tengo una hija de un año y otra de diez. Mi padre me sacaba la computadora si me sacaba malas notas en el colegio. Con mi hija mayor tengo el reflejo contrario: no la voy a retar sacándole la tablet o la computadora, porque es sacarle lo que le estimula la cabeza. Voy a acompañarla. Si está jugando juegos, quiero saber a cuáles está jugando, que sean creativos. Me encanta verla jugar al Minecraft, pero no la pondría a jugar con varios jugadores porque sería como dejarla sola en la calle.
¿No creés que tanta pantalla puede provocar costumbres solitarias en los jóvenes? ¿Aislarlos?
Creo que las costumbres o los hábitos que introduce la informática muchas veces son todo lo contrario a la soledad, especialmente en la vida online. Yo encontré grandes amigos que tenían las mismas pasiones, el mismo interés que tenía por desarrollar videojuegos. Entonces: hay una sociabilidad a partir de lo que son las redes digitales, donde encontrás a tu tribu, que piensa parecido o tiene intereses similares. Y después tenés a los amigos de la vida del colegio, del club, que te sacan esa obsesión, lo que también es saludable.
¿No te da tristeza cuando ves a un grupo de chicos sin hablar entre ellos, cada uno con la vista en su celular?
Sí, no está bueno. Es una imagen que impacta. Incluso cuando lo ves en las familias, en la mesa de un restaurante. A mí me parece importante que los chicos sepan hablar con los grandes y los grandes con los chicos. Con mi hija mayor me pasa que pese a que le dé acceso a las pantallas, y use la Inteligencia Artificial con total naturalidad, después le encanta leer libros. Lee más libros de los que leía yo a su edad. Empezó con Harry Potter y nunca más paró. Entonces pienso que si te ponés demasiado censurador o demasiado restrictivo con las pantallas, los chicos se van a obsesionar aún más. Pero cada familia tiene sus reglas. A mí haber usado las pantallas me dio conocimientos asombrosos que superaron mi imaginación. Al menos en lo que me interesaba a mí, respecto a videojuegos, software y demás. En esta época se pierde un poco de vista lo maravilloso que es un chico tenga acceso a tanto conocimiento y posibilidades. Más allá de que tantas posibilidades, puedan abrumar.

Coincido que X es una red social tóxica. Del “troleo”, de la humillación del otro, de una retórica muy dura y áspera. Es una red nociva que genera un tipo de cultura que ahora la vemos bien. En Argentina hay una generación, chicos de entre veinte y veinticinco años, y la gran mayoría de los votantes de este país, que de repente entraron en una retórica de usar ciertas palabras, epítetos, formas peyorativas para atacar al que piensa diferente o no te agrada, que antes hubiera dado vergüenza. Porque hubiera sido considerado propio de una mala persona.
¿Y cuál es tu postura respecto a la adicción a las redes sociales en específico?
Mi hija no tiene redes sociales. Instagram me parece para mayores. También Tik Tok. Navegué con ella cuando tenía seis años y el contenido era una basura total. Pero sí tiene Pinterest. Me gusta porque le da ideas para hacer manualidades, como origamis, en el mundo real.
¿Estás de acuerdo con la prohibición de redes sociales en países importantes como Australia, España, Francia?
Hay un efecto dominó importantísimo. En Argentina se está debatiendo. Particularmente, creo que las redes sociales provocan ansiedad. También hay bullying, y en código para que los padres no lo detecten. Algo de eso muestra la serie Adolescencia. En cuanto a la edad de prohibición, tal vez lo haría para menores de trece años. Con una barrera restrictiva real.
Twitter, ahora “X, tienen una lógica de posturas agresivas y autoritarias ¿Qué opinás de esa red y lo que genera?
¡X sí lo haría para mayores de 21 años!
Se produjo hace pocos días una matanza, con heridos y una víctima mortal, en un colegio de Santa Fe. ¿No creés que el registro de X, deshumanizante, donde el otro no existe y hay que reventarlo moralmente, no terminó permeando en la sociedad y convirtiéndose en un sentido común perverso para los jóvenes? Además de que es un difusor de “disvalores” como la cobardía, porque en esa red los ataques son desde el anonimato.
Coincido que X es una red social tóxica. Del “troleo”, de la humillación del otro, de una retórica muy dura y áspera. Es una red nociva que genera un tipo de cultura que ahora la vemos bien. En Argentina hay una generación, chicos de entre veinte y veinticinco años, y la gran mayoría de los votantes de este país, que de repente entraron en una retórica de usar ciertas palabras, epítetos, formas peyorativas para atacar al que piensa diferente o no te agrada, que antes hubiera dado vergüenza. Porque hubiera sido considerado propio de una mala persona. Esto de decir “zurdos de mierda, zurdito tal cosa” estaba mal visto, porque eran expresiones de fascistas de la década del setenta, de personajes que desaparecían gente, se apropiaban bebés y tiraban gente desde aviones. Ese tipo de gente usaba el “zurdo” todo el tiempo. Pero los chicos no vivieron eso y quedaron bastante resentidos con el kirchnerismo. Y la cultura “woke” en general. Del otro lado, también veo que tratan de “virgos e incels”. Es una construcción polarizante propia de las dinámicas de Twitter. Donde terminás hablando como un fanático que tiene cero capacidad de empatía y voluntad de entender puntos de vista diversos.
¿Hay otro gobierno en el mundo donde “trolls” hayan llegado a ser funcionarios?
La influencia de ciertos jugadores de las redes se volvió cada vez más importante. Pienso lo que pasó con Charlie Kirk en Estados Unidos. Terminó en una muerte espantosa y trágica. Lo que vino después, como Nick Fuentes, es mucho más “hardcore” y extremista. Yo analizo mucho a los influencers norteamericanos como fenómeno contemporáneo. Hay personajes de veinte años que expresan una suerte de “nueva masculinidad” misógina, contra las mujeres. Me parece algo rarísimo. No sé si será por la ausencia de una figura paterna. Hay un personaje de moda que se llama Clavicular y se la pasa hablando de “looksmaxxing” (cómo potenciar el atractivo físico al máximo). Es la superficialidad en su máxima expresión. Hace poco le preguntaron a Clavicular: ¿Por qué estás en streaming hasta en tus citas con chicas? Y respondió algo sobre el retorno de inversión y lo que cobra por las vistas. Para él hasta el amor es transaccional. Son pibitos materialistas que viven su vida para el algoritmo.
¿Y vos creés que son felices? ¿Esa tecnología nos hizo más felices? ¿Sirve de algo la tecnología si no nos libera? Peor aún, si nos aliena y nos hace infelices. Los datos del libro La Generación Ansiosa de Jonathan Haidt son brutales, cómo se disparó la depresión entre los adolescentes y jóvenes desde el 2010 cuando empieza la era del smartphone.
Buenísima pregunta. ¿Morder el fruto del conocimiento te expulsa del paraíso, no? El conocimiento no contiene en sí mismo el bien o el mal. Pero te eleva hacia un nuevo tipo de responsabilidad. Yo creo que “La Generación Ansiosa” busca un chivo expiatorio muy fácil. Le echa la culpa de todo a las pantallas, cuando hay fenómenos multi causales como la ausencia de los padres. Hay un montón de factores. El 99,9 por ciento de los mortales usamos tecnología y nos potenciamos con ella. La tecnología es un medio que tiene sesgos en su diseño. Por eso lo fundamental es la educación. Alfabetización digital y financiera. Tenés que tener los instrumentos para entender cómo usar la tecnología. Puede ser o un arma fantástica o peligrosa.
Antes eras un tecno optimista. Ahora no digo que seas pesimista, pero ¿sos más un “tecno neutral”?
Me defino como un aceleracionista moderado. Veo en la Inteligencia Artificial más beneficios que riesgos. Yo la uso obsesivamente, y estoy cada vez más apasionado por mi trabajo. Para mí la “IA” nos va a desarrollar nuestras capacidades enormemente. Es un cambio que a una parte de la sociedad le provoca miedo. Todo cambio da miedo. Y la Inteligencia Artificial es un cambio gigantesco.
Da miedo porque se habla de amenazas como “la mitad de la gente va a estar desempleada”, van a desaparecer la mitad de las profesiones, hasta el arte no va a requerir más de artistas. Lo que le daba cierta poesía al mundo lo va a realizar un sistema artificial programado de cierto modo.
Son pesadillas que no son nuevas. Ocurrieron a lo largo de toda la historia. En la revolución industrial, estaba el temor al desempleo. Mientras haya necesidades humanas, van a aparecer nuevas formas para cubrir esas necesidades. Y hasta ahora las necesidades humanas son infinitas. Estamos siempre elevando la vara.
¿En qué va a mejorarle la vida a la gente la IA? Hay quienes ahora dicen que se volvieron más productivos, que no pueden parar de trabajar. ¿Eso es bueno? ¿Es malo?
Si yo fuera una persona que busca ser híper productiva o viviera dedicado a un emprendimiento, estaría muy estresado con todos los avances de la Inteligencia Artificial. Por las exigencias continuas de formación. Por cómo puede potenciar un negocio. Pero en mi caso desde hace años que decidí vivir de forma bastante libre, sin depender de nadie, para poder desarrollar mis proyectos, algunos experimentales, con total libertad. Y soy quien elige qué cantidad de dieta de IA quiero tener. Es como con la comida o la gimnasia: el auto control está en uno mismo. El límite que tenga la IA, o la super inteligencia en el futuro, es el límite de nuestra civilización.
¿Pero su finalidad “positiva” es liberar al hombre de tareas tediosas o volver mucho más eficientes en términos económicos a las empresas porque necesitan menos empleados?
El costo de las “horas hombre” de un programador o un abogado o un asesor inmobiliario va a bajar enormemente. Hay un lado que se beneficia y otro que se va a tener que adaptar. Pero en definitiva, esto significa democratizar el acceso a la inteligencia. Inteligencia entendida como un sustrato de cómputo que nos permite procesar rápido grandes volúmenes de información compleja en poco tiempo. Lo que antes llevaba días, ahora lleva minutos. Eso libera tiempo. Para mantenerte ocioso, para hacer otras tareas, para ser competitivo, para conseguir nuevos clientes. Podemos delegar en términos cognitivos a nuestro cerebro de un montón de cosas en las que no quiero perder el tiempo.

Si yo fuera una persona que busca ser híper productiva o viviera dedicado a un emprendimiento, estaría muy estresado con todos los avances de la Inteligencia Artificial. Por las exigencias continuas de formación. Por cómo puede potenciar un negocio. Pero en mi caso desde hace años que decidí vivir de forma bastante libre, sin depender de nadie, para poder desarrollar mis proyectos, algunos experimentales, con total libertad. Y soy quien elige qué cantidad de dieta de IA quiero tener. Es como con la comida o la gimnasia: el auto control está en uno mismo.
Fuiste uno de los primeros inversores argentinos en Bitcoin. Un apasionado y difusor de la cultura cripto. ¿En qué momento estamos en Argentina respecto a las criptomonedas teniendo en cuenta que estallaron escándalos como el de Libra o la aparición de personajes a lo “masivo bro” que les quitaron prestigio?
Argentina es un país de avanzada en materia de criptomonedas. Por una cuestión de tener que adaptarnos a una situación económica volátil. Alta inflación y cuestiones que conocemos bien en este país. También la desconfianza hacia los bancos. Traumas que engendraron a una generación de programadores, hacedores, emprendedores que construyeron un ecosistema de compañías cripto muy saludable, con una buena cantidad de clientes. Se estima que uno de cuatro argentinos usa criptomonedas.
Claro, ideal todo para un país sin reservas en su banco central, sin moneda confiable.
Exacto, todo ese caldo de cultivo tuvo una arista positiva que hace que Argentina pique en punta en adopción y producción cripto. Somos un referente a nivel mundial y eso me encanta porque soy muy partidario del capitalismo tecnológico nacional, desde el sur para el resto del mundo.
¿Qué es el capitalismo tecnológico nacional?
Nuestra capacidad de hacer, con nuestros recursos e inquietudes, tecnología. En Argentina producimos algunos de los sistemas más importantes que influencian el ecosistema de Ethereum a nivel mundial. En el campo del comercio electrónico, la historia de Mercado Libre es conocida por todos. Se volvió este siglo en la empresa más valiosa de América Latina. Claramente hay un sector que es la economía del conocimiento, que es el tercer sector de nuestro país. A mí me parece que ahí se esconde un diamante en bruto. El otro día escuchaba uno de los decanos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, que los alumnos de la carrera de Ciencia de los Datos se multiplicó por cinco.
En términos políticos, vos quedaste como una voz en el desierto, porque la mayoría del ambiente emprendedor y de tecnología de Argentina está fanatizada con Javier Milei, en cambio vos sos crítico.
Algunas de estas personas están irreconocibles…
En el Argentina Week en Nueva York se sacaron una foto la mayoría de ellos. Hace poco las empresas tecnológicas promovían valores progresistas. ¿Qué pasó ahí?
¿Hay como una derechización tilinga no? Es una suerte de moda que empezó con el fenómeno Trump y después se multiplicó con los Bolsonaro, con los Milei y otros referentes de derecha. Y están también los influencers de escala mundial con esa ideología como Elon Musk o Peter Thiel (empresario y activista, co fundador de Pay Pal). En 2016 yo vivía en San Francisco y Thiel era la único tipo en todo Silicon Valley que apoyaba a Trump. El resto, incluido Sam Altman, con quien vi el final de las elecciones ese año, apoyaba a Hillary Clinton. Eran todos progresistas, demócratas y wokes. Salvo Peter Thiel. Después la pandemia y la fatiga con el “wokismo” y su deriva intolerante produjo una disrupción muy grande. Y hoy el que es progresista en ese mundo es un bicho raro y son todos fanáticos de la nueva derecha mundial. Aplauden a empresas como Palantir (de datos y considerada de “vigilancia”) que se jacta en sus “earnings calls” de que “mataría gente si fuera necesario”. Hay un desenfreno con la ideología tecnocrática y cuando rascás más fino en este tipo de pensamiento aparece gente como Curtis Yarvin o Nick Land que están en una línea de abolir la democracia, de buscar una dictadura eficiente y benevolente, que en algún punto se refieren a una tecnología donde el ser humano esté en un segundo plano y el capital es lo principal, por encima de todas las cosas. Y acá tenemos nuestra propia versión del subdesarrollo con Milei que es un fenómeno más mediático que otra cosa, por su forma alocada de gritar y hablar. Milei no me parece alguien lúcido. El caso Libra me mostró muchas cosas de Milei que antes sospechaba y ahora las veo con nitidez.
¿En el apoyo de tantos empresarios a Trump o a Milei no habrá en el fondo, más que ideología, una decisión de negocios para en última instancia romper con China ya que no pueden competir, porque pierden? Entonces anhelan construir un “bloque occidental” de comercio sin China.
De China creo que hay mucho que aprender. Es una cultura milenaria de cinco mil años. Un país que se construyó en la pobreza y desde esa pobreza supo como alimentar a más de mil millones de personas. Hoy son una potencia genuina en materia de transporte autónomo, robótica, inteligencia artificial, drones y muchas aristas tecnológicas más. Pero tienen valores que chocan con occidente. La cuestión de la privacidad, la imposibilidad de disenso, la ausencia de libertad de expresión, el verticalismo de su gobierno. Pasa que hablás con un chino y te dice que también ve muchos defectos en Occidente, donde la política es un reality show, donde tenés personajes de la televisión con inteligencia sospechosa que llegan a los lugares de poder más importantes. Y hablo tanto de Argentina como de Estados Unidos. Es indudable que estamos en una nueva guerra fría. Entre Estados Unidos y China. Siempre hay un retorno de la violencia cuando se produce una asimetría tecnológica considerable.
¿El capitalismo tecnológico nacional que mencionás, le puede competir al capitalismo tecnológico del Partido Comunista Chino? ¿Una empresa argentina le puede competir a Shein o a Temu? ¿A Ali Baba? Etcétera.
Las cadenas de producción chinas son mucho más eficientes. Pero me gusta la idea de realismo periférico para Argentina.
La teoría de Carlos Escudé…
Exactamente. La idea de Carlos Escudé de que tenemos que tocarle un poco los huevos a las potencias en beneficio nuestro, en beneficio de la Argentina. No necesariamente hacer seguidismo ciego de los Estados Unidos o entregarnos a los chinos totalmente. Comprender los beneficios de operar con los dos. Porque indudablemente China tiene mucho que ofrecerle a la Argentina. Y en materia de Inteligencia Artificial, todos los modelos que hace China son de código abierto. Tenemos que encontrar donde está nuestra ventaja estratégica. Es muy llamativo e interesante que China haya elegido el camino del código abierto. En Estados Unidos también hay mucha tecnología potente, innovadora y valiosa de la que nos podemos beneficiar.
Siguiendo lo que contabas de Peter Thiel y el grupo de empresarios que anhelan un mundo sin “el obstáculo” democrático, pero con un capitalismo híper eficiente. ¿De alguna forma no plantean el modelo de China al final de cuentas?
China es una sociedad de ingenieros. No de abogados como en occidente. Y toda esta crítica como la de Nick Land al capitalismo democrático tiene que ver con mirar a China y decir “che, estos que no son democráticos, logran mejores resultados”. Con esa mirada donde el foco es siempre el capital. Lo que pasa es que China, si descubrís esa cultura, te das cuenta que tienen algo muy parecido a los argentinos y es que primero está la familia, después los amigos y después el trabajo. No quiero hacer apología del comunismo. Pero tuvieron un gran salto desde Deng Xiao Ping en adelante. Que a su vez se inspiró en Lee Kuan Yew de Singapur, quien convirtió una isla que no tenía absolutamente nada en una potencia económica. China tiene el beneficio, quizá por no ser una democracia, de poder planificar a treinta años, saber lo que quieren hacer en los próximos cinco años y no moverse una coma de eso.
La parte repudiable es la represión y el respeto a los derechos humanos.
No podés disentir contra el poder central de Beijing. Es un precio alto a pagar. En Occidente la mirada de Peter Thiel y los “tecno feudales” como los llama Yanis Varoufakis tiene una mirada transhumanista. Piensan en la humanidad tecnológica más allá de nuestra configuración actual. Lo que ellos sueñan es que eventualmente podemos ir a las estrellas reencarnados en inteligencias artificiales que viajan a la velocidad de la luz. O quieren vivir infinitamente. Son deseos de billonarios. Los deseos de gente que no le alcanza la vida para gastar todo el dinero que tiene. ¿Cuál es el problema de Peter Thiel o de Elon Musk? Tienen 100 mil millones de dólares, por decir un número. No les alcanzan cien vidas para disfrutar ese capital. Por eso necesitan vivir para siempre. Construir un bunker. Convertirse en vampiros. Steve Bannon dice que el problema “de estos muchachitos” es que tienen la espiritualidad de un niño de doce años. Me hizo reir, pero mete el dedo en la llaga en la interna de la derecha.

¿Hay como una derechización tilinga, no? Es una suerte de moda entre los emprendedores que empezó con el fenómeno Trump y después se multiplicó con los Bolsonaro, con los Milei y otros referentes de derecha. Y están también los influencers de escala mundial con esa ideología como Elon Musk o Peter Thiel (empresario y activista, co fundador de Pay Pal). En 2016 yo vivía en San Francisco y Thiel era la único tipo en todo Silicon Valley que apoyaba a Trump. El resto, incluido Sam Altman, con quien vi el final de las elecciones ese año, apoyaba a Hillary Clinton. Eran todos progresistas, demócratas y wokes.
Mencionaste el caso Libra y dijiste que se confirmaron tus peores sospechas respecto de Javier Milei. ¿A qué te referís? ¿Qué sospechas?
Que es un charlatán. Un panelista de Intratables que llegó demasiado lejos en un país con una educación vapuleada, que interpreta los raptos de enojo de Milei con cierta gracia o genialidad. A mí nunca dejó de parecerme un maleducado que aparece a los gritos en televisión y que necesita humillar al otro para sentirse alguien. Tuvo momentos espantosos Milei en su campaña. Como cuando humilló a una chica en una conferencia de prensa en Salta solo porque no le gustó una pregunta. Claramente él es también víctima de sus padres, lo contó. Ese trauma le hizo sentir una necesidad descomunal de poder. Lo que él quiere es poder decirle a los demás: ¿vieron? ahora me tienen que querer. Yo creo que Milei es un hombre muy roto, por su infancia. Me parece que el caso Libra también demuestra la incompetencia de la hermana. ¿No? Asociándose con cuatros de copas, sin referencias ni reputación. Y eso los llevó a uno de los peores escándalos de su gobierno. No es el único caso en que la tarotista termina rodeada de gente siniestra. El problema con los Milei es que son gente que no está preparada para el cargo. Pero si eso sucedió es porque nuestra democracia es increíble, mucho más expresiva que la “yanki”. Poner a los Milei ahí fue un salto desesperado, porque el contrafáctico tenía que ver con veinte años de kirchnerismo a los que mucha gente, y me incluyo, le queremos decir basta. Los modos de Milei algunos lo ven como el antídoto para hacer ciertas cosas. Para mí el mileismo y el kirchnerismo se fundamentan en el resentimiento, la venganza. No en algo constructivo y propositivo. En cuanto a Libra, ya pasó un año, hasta fui a declarar al Congreso de la Nación. Ahora aparecieron un montón de audios, de transferencias. La evidencia es descomunal. Libra a mí me desnudó completamente a los Milei. Obviamente no soy necio y algunas cosas reconozco como una baja en la inflación. A mí siempre me gustó tener amigos de todos los colores, escuchar todas las voces porque la verdad casi siempre es paradójica y contradictoria.
¿Cómo vivís y sentís cuando te atacán fuerte en las redes sociales? ¿Qué hacés para sobre ponerte? Te enfrentás al gobierno y a la maquinaria estatal de las redes.
Lo tomo como de quien viene y nunca me asusté. Celebro muchísimo poder vivir en democracia y decir lo que siento, esté equivocado o no. Tal vez no todo el mundo tiene mi privilegio de no depender de nadie. De eso soy consciente. Cuando me mandan a los “trolls” me fijo de quien viene. Me va a preocupar el dia que me ataque alguien que me conozca de verdad, un amigo, un colega. A la larga la gente no come vidrio. Y si uno es coherente y consistente a lo largo del tiempo, como decía el Papa Francisco, “el tiempo es más grande que el espacio”.
¿Cuál es ahora tu ideología política y que querés que suceda en Argentina?
Yo siempre digo que soy argentinista. Viví diez años afuera y me pegó fuerte el desarraigo. Cuando vivía en Nueva York me agarron ganas fuertes de escuchar Los Piojos y pensaba: si yo nunca escuché a Los Piojos. Y después con la Negra Sosa. Después me fui a Madrid y conocí muchos argentinos de todas las provincias e ideologías, de todos los equipos de fútbol, pobres y ricos. Artistas y empresarios. Me abrió mucho la cabeza eso. Un amigo que también vivió afuera, me dijo una frase que a mí me resonó bastante: “Yo me hice peronista viviendo afuera”. Yo no sé si soy peronista, pero hago una relectura de la historia argentina y veo mucho valor genuino en el pensamiento de luchar por lo nuestro, de reivindicar nuestra capacidad nacional por sobre la tilinguería de creer que lo de afuera siempre es mejor. Y eso que mi configuración nativa es la de un chico de Recoleta, que vivió en la burbuja clásica de clase media alta, fóbica a cualquier cosa que se parezca al peronismo, condicionado por mi familia y círculo social. Yo desmitifiqué mucho al vivir en el exterior. Existe el sueño americano. Pero también la pesadilla americana, que créanme es peligrosa y te lleva al fentanila o las drogas y otras cosas siniestras. España es fantástica pero es la sociedad del confort, no la del progreso, la innovación, el emprendimiento. Para mí Argentina tiene el hambre del “no confort”, de pensar fuera de la caja y la virtud de la familia y los amigos. Una virtud latina indispensable. Me encanta la Argentina, lo que somos y como somos. Nuestra raíces son genuinas y tiran fuerte. Somos una civilización.





