«Cuando una imagen deja de ser solo una foto de moda y empieza a contar algo, ahí hago clic», le revela a POSTAL POSTAL Lucila Schuchner, joven fotógrafa Argentina que logra capturar como pocos, ojos que desnudan el alma, y crea retratos donde la humanidad (la confianza, el enigma, la sensualidad, la elegancia) aparece a sus anchas, cruda y con estilo a la vez, en las campañas de las marcas de moda más prestigiosas tales como Jazmín Chebar, Adidas, Prüne, La Rando entre otras, también de Europa como Miista y Laagam y en publicaciones como L’Officiel o Rolling Stone.

Creo que hago clic en ese punto intermedio: entre lo actuado y lo espontáneo, entre lo producido y lo natural. Nunca me identifiqué con algo demasiado formal ni demasiado caótico; siempre me atrajo ese equilibrio. Me gusta capturar esos momentos entre una pose y otra, el error, la foto disparada sin querer. Ahí siento que aparece algo real. Y cuando una imagen deja de ser solo una foto de moda y empieza a contar algo, ahí hago clic.
Lucila le pone una edad precoz concreta al inicio de su carrera como fotógrafa: los doce años. «Empecé fotografiando a mis amigas, peinándolas, maquillándolas, creando personajes -recuerda-, encontré en la fotografía un espacio de juego, expresión e identidad». Formada en cursos en Buenos Aires y Nueva York, se considera sin embargo sobre todo autodidacta e hija de la experimentación. Desde España, donde se instaló hace algunas semanas, ubica a la fotografía en sus días como algo mucho más íntimo y crucial que una profesión: es el lugar donde encuentra confianza, autoestima y libertad.
¿Qué atrae a la mirada de Lucila Schuchner para hacer “clic”?
Me atraen los colores, la ropa, los rostros y las historias que hay detrás de cada persona. Siempre me gustó agarrar una modelo y verla desde otro lugar, encontrar algo más humano, inesperado o incluso incómodo, y fusionarlo con la moda. Creo que hago clic en ese punto intermedio: entre lo actuado y lo espontáneo, entre lo producido y lo natural. Nunca me identifiqué con algo demasiado formal ni demasiado caótico; siempre me atrajo ese equilibrio. Me gusta capturar esos momentos entre una pose y otra, el error, la foto disparada sin querer. Ahí siento que aparece algo real. Y cuando una imagen deja de ser solo una foto de moda y empieza a contar algo, ahí hago clic.
¿Qué emociones te produce la fotografía?
La fotografía me genera mucha adrenalina, felicidad, calma, un mix de emociones. La adrenalina aparece en el momento de crear, pero la calma muchas veces llega después, cuando veo una imagen bien lograda o siento que llegué a lo que buscaba. Me apasiona tanto que a veces las modelos me dicen que baje un poco la emoción (risas). Pero por sobre todo, me hace sentir presente: me saca de mis pensamientos y me devuelve al momento. Siempre fui ansiosa, y la fotografía me ayudó a aprender a frenar. En un set estás muchas horas completamente concentrada: con el equipo, el modelo y el cliente, construyendo algo en conjunto. Se genera algo muy especial porque todos estamos ahí presentes, mirando lo mismo. Y en un mundo tan acelerado, donde todo va muy rápido, eso para mí es muy valioso: estar ahí de verdad, sin pensar en otra cosa y conectarte con las personas. Tengo la suerte de haber tenido jornadas muy lindas con equipos increíbles, algo que priorizo siempre. Me gusta trabajar con gente profesional, humana y empátíca. Hoy estoy en un momento muy particular, viviendo en otra ciudad, viajando y intentando disfrutar el presente, la vida y a los que tengo alrededor, y por dejar un poco el celular de lado y la tecnología. Siento que la fotografía me ayudo mucho a aprender eso, a frenar.
¿Qué fotos que hayas realizado te marcaron y no podés dejar de recordar?
Me cuesta elegir una sola producción que me haya marcado; soy indecisa, de Libra y bastante exigente con mi trabajo. Muchas veces me cuesta valorar lo que hago en el momento, por eso a veces imprimo mis proyectos favoritos y los pego en la pared como una forma de recordarme lo agradecida que estoy y darle carnino a mi trabajo. Al final, termino mirando esa pared y me gustan todos. Quizás lo que más me marca y recuerdo son las editoriales y los proyectos personales, donde siento menos restricciones y más libertad de expresión. Siempre necesité, de alguna manera, plasmar mi locura, mi creatividad y mi arte en algún lugar. Y, casi sin darme cuenta, la fotografía terminó convirtiéndose en mi forma más natural de expresarme. Pasaron los años y nunca dejé de sacar fotos, hasta que eso que empezó como una necesidad también se convirtió en un trabajo. Siento que las fotos que más me marcan no siempre son las más visibles o las que tienen grandes marcas detrás. Me interesa más cuando hay una mirada artística real, cuando se puede reconocer la identidad del fotógrafo en la imagen. En ese sentido, hoy priorizo cada vez más la creatividad por encima del nombre de la marca. Por eso disfruto cuando las marcas te dan ese espacio creativo. Es ahí donde la foto realmente adquiere personalidad. Siento que cada vez más estoy encontrando ese lugar en mis trabajos de moda, y me siento muy agradecida por eso.

Siento que las fotos que más me marcan no siempre son las más visibles o las que tienen grandes marcas detrás. Me interesa más cuando hay una mirada artística real, cuando se puede reconocer la identidad del fotógrafo en la imagen. En ese sentido, hoy priorizo cada vez más la creatividad por encima del nombre de la marca. Por eso disfruto cuando las marcas te dan ese espacio creativo. Es ahí donde la foto realmente adquiere personalidad. Siento que cada vez más estoy encontrando ese lugar en mis trabajos de moda, y me siento muy agradecida por eso.
En un mundo donde todos tienen cámara en el celular y sacamos “cien fotos por día”: ¿cómo puede distinguirse (y ser genuina) una fotografía?
Para mi una fotografía se distingue cuando hay intención detrás. No se trata solo de capturar un momento, sino de decidirlo: pensar la luz, el encuadre y el porqué de esa imagen. Para mí, la diferencia está ahí. El celular invita a lo inmediato, a lo automático; en cambio, la fotografía con una cámara profesional implica una pausa, una mirada más profunda y un proceso más cuidado. Y eso se siente en el resultado. La fotografía se vuelve genuina cuando hay una mirada propia, cuando se reconoce la identidad de quien la hace y no solo el registro de algo. No es la cantidad de imágenes, sino la intención con la que se crea cada una. En lo analógico, que descubrí hace poco, aparece algo todavía más especial. Hay una magia en ese proceso que no se logra con cualquier cámara. No es solo la imagen final, sino todo lo que implica: la espera, la incertidumbre y la posibilidad del error. Además, como no tenés una cantidad infinita de fotos, cada disparo adquiere otro valor; pensás más antes de sacar y terminás conectando distinto con ese momento. Al final, creo que lo genuino aparece cuando hay mirada, intención y también respeto por el medio con el que estás trabajando.
En tu caso trabajás muchísimo con el mundo de la moda -producciones editoriales y también para marcas -, y en ese “universo” sos una retratista de lo humano y particularmente de la mirada humana. ¿Cómo lográs revelar el “alma” detrás de esas miradas?
Porque hay un aspecto muy emocional que reflejan esos retratos. Gracias por ver esa mirada, lo valoro mucho. Creo que en la moda, que es el universo en el que me muevo desde chica, es importante que mi trabajo pueda transmitir algo emocional, porque también forma parte de mi manera de mirar y de mi personalidad. Siento que soy una persona muy sensible y emocional. Me interesa mucho el vínculo que se genera con las personas con las que trabajo, especialmente con las modelos. Siempre intento partir desde un lugar humano, porque siento que cuando hay conexión la imagen cambia por completo: deja de ser solo una foto y empieza a contar algo. Creo que el “alma” aparece a partir de muchas cosas: las personas que elijo fotografiar, las decisiones de styling, la locación, los ángulos o la luz. Pero también tiene mucho que ver con el vínculo que se crea y con ese momento exacto en el que hago clic. Hay algo muy intuitivo ahí. Cuando se alinean la persona, la energía, la imagen y la conexión, surge algo genuino. Y para mí, esa emoción es la que después se termina viendo en mis retratos.
Siguiendo en la línea de la fotografía de moda: ¿cómo lográs elegancia (en el sentido de belleza auténtica) en una foto?
Hoy para mi, en la fotografía de moda, la elegancia se desprende de lo prolijo, lo clean y de los códigos aspiracionales tradicionales. Antes estaba más asociada a una estética perfecta y rígida, y hoy se volvió algo mucho más amplio y construido. Para mí, la elegancia actualmente aparece en la forma en la que se construye una imagen y no tanto en lo que se muestra en sí. Se redefine en la capacidad de crear mundos, de elevar lo simple a través de una mirada y una intención clara. Una foto puede ser rota y elegante a la vez. Para algunos, la elegancia va a seguir estando en lo clásico, una modelo con un vestido fino y eso también es válido, es subjetivo. Pero para mí tiene más que ver con la construcción de identidad y de universo visual que con seguir un ideal de belleza establecido. Y ahí está la magia de la fotografía: cuando una imagen crea su propio universo y se vuelve elegante incluso desde lo inesperado.

Una foto puede ser rota y elegante a la vez. Para algunos, la elegancia va a seguir estando en lo clásico, una modelo con un vestido fino y eso también es válido, es subjetivo. Pero para mí tiene más que ver con la construcción de identidad y de universo visual que con seguir un ideal de belleza establecido. Y ahí está la magia de la fotografía: cuando una imagen crea su propio universo y se vuelve elegante incluso desde lo inesperado.
¿Dónde está para vos la magia de la fotografía?
Para mí, la magia de la fotografía aparece cuando logramos frenar un momento del presente y contar algo a través de una imagen. Siempre me gustaron las fotos llamativas; creo que hay algo muy lindo en captar la atención, y eso, para mí, tiene algo de mágico. Siempre sentí que me adapté a las tendencias y a lo moderno, pero nunca dejé de ponerle mi estilo y mi propia magia a cada foto. Incluso me gusta encontrar algo especial donde quizás, a simple vista, no parece haber nada tan interesante. Ahí también está la magia: en poder crear algo y transformar cualquier cosa que tengas delante de una cámara en algo que genere una sensación. También creo que la magia se construye en equipo. Una foto nunca es solo del fotógrafo: hay un modelo, un estilista, maquillaje, dirección de arte y una energía compartida. Cuando todo eso se alinea, aparece algo que no se puede explicar del todo, pero sí sentir. Y ahí, para mí, está la verdadera magia.
Nos llamamos POSTAL POSTAL: cuando lográs una foto que decís “esta es de postal”.
Creo que una foto se vuelve “de postal” cuando te genera algo y te obliga a quedarte mirándola un rato más. Para mí no pasa solo por que sea linda o perfecta, sino por esa sensación de haber capturado algo especial. Puede ser una luz, una emoción, una composición o un momento que no se vuelve a repetir. Cuando una imagen tiene identidad y logra transmitir algo, ahí siento: esto es de postal.









