Ellos son otro tipo de emprendedor. Cuando esa categoría tan noble parece monopolizada por quienes crean empresas financieras, fintechs “de la comisión de la comisión”, startups en una carrera frenética por “levantar millones” en pocos meses, la forma de ser emprendedores de los fundadores de Monoblock, Vik Arrieta y Pablo Galuppo, es más paciente, es más discreta, y tiene que ver con aportarle a nuestras vidas belleza tangible. Sí, palpable, que se puede tocar, cosas reales “en la era de las no cosas”, como diría Byung Chul Han.
¿Son una editorial? ¿Son espacios de arte y diseño? ¿Son una generadora incansable de ciclos creativos? No es fácil, ni siquiera para ellos, después de más de dos décadas de haber fundado Monoblock, definirlo con precisión. Acaban de abrir un nuevo local en Palermo lo cual es siempre una buena noticia porque pocos lugares son tan lindos en Buenos Aires como sus tiendas, y, si se me permite, aporto yo una descripción: Monoblock es un taller de emociones positivas.

¿Qué es monoblock hoy? ¿Cómo lo definen?
Vik Arrieta: es una usina de ideas creativas y también rescatamos la palabra editorial que nos parece fundamental. El editor, o el curador en el mundo del arte, es super importante en una época donde con la Inteligencia Artificial se puede producir contenido basura a gran velocidad y distribuirlo. Entonces desde nuestro corazón y motivación y visión siempre volvemos a la idea de una editorial. También es nuestro patio de juegos donde hacemos lo que nos gusta.
Pablo Galuppo: es que justamente Monoblock nace como una agencia con empresas que eran nuestros clientes y que nos limitaban creativamente porque ellas iban a decidir qué hacer al final de cuentas, cuánto invertir, qué hacer y qué no. A veces les llevábamos ideas y nos decían: “no chicos, demasiado diseño gráfico”. Nuestra búsqueda después fue no estar condicionados. En esa época hicimos un cuaderno para un cliente, Vik se puso a ilustrar, yo a diseñar y cuando lo anillamos dijimos “acá hay algo”. Ya estábamos cansados del servicio creativo que es frustrante porque muchas veces tenés ideas copadas y cuando se las presentás a los clientes te las rechazan. Con ese cuaderno, este objeto con el que estábamos contentos, pensamos: ¿cómo hacemos para que esto sea un negocio?”.
Vik Arrieta: también hay un trasfondo y es que mi familia siempre trabajó en el mundo editorial. Mi primera tapa de libro la ilustré a los 16 años. Yo ya conocía aspectos básicos del negocio editorial. Lo que contamos de los inicios de Monoblock y este cambio interno fue alrededor del año 2006, hay que situarse en esa Argentina post crisis del 2001, pero a su vez con un universo de diseñadores e ilustradores que estaba creciendo mucho y buscaban lugares para mostrar su producción. En ese tiempo fue el inicio del muralismo de este siglo en Buenos Aires. Y lo que veíamos era que paredes feas, destruidas, pintarrajeadas con mensajes negativos, de repente a la otra mañana aparecían con personajes hermosos, con colores amigables, con una estética optimista.
Les iba a preguntar sobre eso porque Monoblock tiene un espíritu lúdico, muy de una mirada positiva, amable, optimista, lo cual es un concepto rebelde en esta época nihilista. ¿Cómo surge esto?
Vik Arrieta: es una postura ideológica al ciento por ciento. Entre tanto ruido y una agenda marcada por la discusión, el mensaje de Monoblock es simple y bello. Queremos hacer cosas bellas, es nuestro camino. Queremos que la gente se conmueva desde otro lugar. Hay algo también espiritual en eso. Y cuando hablamos de belleza, al término no lo interpretamos desde lo ornamental o buscar lo atractivo solo para que se venda sino que para nosotros es una expresión del espíritu. Es nuestra manera de conectarnos al amor, al mundo, a todo lo que está bien, con la gente que hace cosas hermosas todos los días. Queremos meternos en un espiral positivo.
Otra particularidad hoy provocadora de Monoblock es que proponen lo tangible, lo que se sale de las pantallas, en una época donde estamos alienados con el celular. ¿Qué mensaje y qué desafío hay ahí?
Vik Arrieta: más allá de que en todos estos años nos hemos preguntado si teníamos que hacer libros digitales, podcast, contenido digital, lo cierto es que nos cuesta horrores porque amamos lo tangible, los productos físicos. Nosotros competimos contra todos los otros estímulos que están online. Por eso queremos que cuando alguien entra a una tienda de Monoblock sea una experiencia y cuando tiene un producto también. En nuestra casa también somos fanáticos de los objetos. Volviendo a lo tangible y lo digital, me acuerdo cuando estaba muy fuerte la discusión de si el libro digital iba a reemplazar al físico y no sucedió. Al final las personas somos seres humanos de carne y hueso que viven en un mundo físico y necesitan agarrarse de cosas. No niego que la vida digital exista, pero esta es mucho más real y lo que pasa en el mundo real tiene otro peso. No es lo mismo tener una biblioteca que es parte de tu identidad que tener todo en un Kindle. El ser humano es presencia.

Vik Arrieta: nuestro mensaje positivo es una postura ideológica al ciento por ciento. Entre tanto ruido y una agenda marcada por la discusión, el mensaje de Monoblock es simple y bello. Queremos hacer cosas bellas, es nuestro camino. Hay algo también espiritual en eso. Y cuando hablamos de belleza, al término no lo interpretamos desde lo ornamental o buscar lo atractivo solo para que se venda sino que para nosotros es una expresión del espíritu. Es nuestra manera de conectarnos al amor, al mundo, a todo lo que está bien, con la gente que hace cosas hermosas todos los días. Queremos meternos en un espiral positivo.
Otro rasgo del último tiempo de Monoblock es que rescatan y celebran la cultura argentina y porteña. ¿Por qué decidieron eso?
Vik Arrieta: esto sucedió más post pandemia y lo que vimos es que había un hueco y es algo que nos faltaba a todos, que tiene que ver con lo nuestro porque somos argentinos. Monoblock es una marca nacional argentina. También influyó la discusión entre lo global y lo local y el entusiasmo que sentimos todos después de haber ganado el mundial. Y aunque no queremos ser una marca ligada al turismo, también tenemos demanda del turista que quiere llevarse un recuerdo. Y nosotros tenemos tiendas en puntos turísticos como el Barrio Chino, como Palermo, como Recoleta. Ojo, no fuimos por los objetos obvios ni venderte un obelisco de souvenir.
¿Y creen que hay un re enamoramiento de la gente joven con la identidad argentina?
Vik Arrieta: pienso en el libro Morfi Porteño que es un libro que tiene un montón de contexto histórico, sin embargo las ilustraciones son de Milagros Brascó y son modernas y se siente actual.
Pablo Galuppo: nosotros cuando representamos los íconos de Buenos Aires y la Argentina no lo hacemos desde un lugar usual sino que elegimos trazos, tipos de representaciones que no son las que normalmente se eligen para hablar de nuestros símbolos.
Vik Arrieta: la pregunta es cuánto va a durar todo el “rush” que hay con la Argentina.
Creo que toda esta mitología es una especie de reacción a que durante muchos años nos pegamos muy duro. El “éxodo” en todas las noticias, qué afuera todo es mejor. Pero pasemos a su faceta de emprendedores, de empresarios. Últimamente cuando se habla de emprendedores en Argentina pareciera monopolizado por emprendedores financieros y tecnológicos. Y después están historias como las de ustedes que crean algo tangible, bello, que yo creo que es más recordado y valorado por los clientes. Pero es un camino ni fácil ni obvio. ¿Cómo se piensan cómo emprendedores?
Pablo Galuppo: yo pienso algunas cosas como que nunca creamos Monoblock de forma tradicional, lo hicimos a nuestro modo y tardamos mucho tiempo y en el trayecto recorrido aprendimos una forma de hacer las cosas que nos diferencia y nos permite sortear momentos de crisis o desafiantes como el de hoy, por ejemplo. Cuando hablábamos de que Monoblock es nuestro patio de juegos tiene que ver con eso, con evitar caer en una competencia feroz. Hoy todo el mundo está desesperado por crecer rápido, nosotros fuimos pacientes y nos demoramos años en que nos vaya bien.
Vik Arrieta: claro, al principio fue todo reinversión y fue durísimo. Postergábamos posibilidades de crecimiento personal para que la empresa pudiera crecer. Que es una estrategia que no todos comparten. Hay gente que diseña los negocios para pensar, en un plazo tal me largo. Hay que aguantar, hay emprendedores que abandonan a los dos años de haber creado algo. Hay que aguantar para que una empresa funcione. Nosotros algo que no hicimos nunca fue abandonar.
Pablo Galuppo: quizás bajamos un poco pero siempre seguimos. Hoy se piensa que emprender es tener una startup de crecimiento rápido. Y desde la sociedad se ubica en un lugar determinado al éxito. Yo nunca estoy al ciento por ciento de acuerdo con lo que “el mainstream” defina que son las categorías en las que hay que destacarse.
Vik Arrieta: hay cosas que tienen muchísimo impacto y nadie las ve y a nadie le importan. Es difícil que algunas historias lleguen a la prensa cuando no tiene que ver con la tecnología del momento, con el éxito rimbombante. Nuestro impacto lo vemos cuando vemos que alguien tiene nuestro producto en la calle. No necesitamos que nadie venga a darnos un premio.

Pablo Galuppo: nunca creamos Monoblock de forma tradicional, lo hicimos a nuestro modo y tardamos mucho tiempo y en el trayecto recorrido aprendimos una forma de hacer las cosas que nos diferencia y nos permite sortear momentos de crisis o desafiantes como el de hoy. Cuando hablábamos de que Monoblock es nuestro patio de juegos tiene que ver con eso, con evitar caer en una competencia feroz. Hoy todo el mundo está desesperado por crecer rápido, nosotros fuimos pacientes y nos demoramos años en que nos vaya bien.
El arte atraviesa todo lo que venden pero también trabajan directamente con artistas, incluso exponen sus obras. ¿Cómo eligen a esos artistas? ¿Cuál es el filtro curatorial? ¿Cómo es el vínculo de los artistas con Monoblock?
Vik Arrieta: nosotros vimos que hay artistas que hacen cosas geniales pero les faltan medios para hacer circular su obra y que esa circulación sea sustentable y se convierta en un negocio. Y esa es en el fondo la idea de negocio de Monoblock, aunque suene romántica en un punto. No somos la startup que hace así (chasquido de dedos) y gana millones. Esto implica muchísimo vínculo con los artistas y respeto por lo que hacen. Para nosotros siempre estuvo el objetivo que el público masivo también se anime a comprar una obra por primera vez y pensar: “esto puede estar en una pared en mi casa y tener una relación cotidiana con algo que me redefine”.
¿Y qué estilo de artista es el más Monoblock?
Vik Arrieta: los que traen algo distinto, un lenguaje nuevo. A veces se acercan ellos, a veces nosotros. Lo importante es que lo que estén haciendo tenga sustancia. Es muy difícil de describir. También ahí entra la parte más difícil que es nuestro conocimiento, nuestros años para comprender si algo va a funcionar en nuestras tiendas, si va a encontrar una audiencia receptiva.
Es una marca argentina pero con una sofisticación cosmopolita y una originalidad conceptual que podría ser una marca de Manhattan, por usar esa metáfora. O dicho de otra forma, cualquier tienda de Monoblock podría estar en Londres, Nueva York, San Pablo. ¿Piensan a Monoblock en el exterior?
Pablo Galuppo: tiendas propias ahora no tenemos, pero nuestros productos se venden en la región. En Perú en su momento llegamos a tener tres tiendas pero no funcionó. Recién ahora nos volvemos a preguntar si nos gustaría volver a tener tiendas en otros países.
Vik Arrieta: la verdad que en un momento nos focalizamos en eso, porque Argentina estaba mal o como recién surgió en la entrevista, nos castigamos mucho con nuestro país. Pero la verdad es que Argentina es un mercado gigante. Ojo, es un mercado que nos mantiene y no queremos tener el “Fomo” de pensar: “che, ya tengo que estar en otro lugar de Latinoamérica”. No podemos “estar acá, pensando allá”. Ni tenemos esa necesidad de expansión veloz de las empresas tecnológicas. Acá nos va bien. Lo que no quita que con el crecimiento soñemos a veces con lo lindo que sería dar un paso más allá. Si hiciéramos ese esfuerzo, apuntaríamos a un mercado grande como el de México, porque esto se sostiene cuando hay volumen.
¿Cómo ven al consumo y la economía hoy en Argentina?
Vik Arrieta: estos días que fue la Feria del Libro, a la feria por ejemplo la vi bien, con mucho movimiento e inversión en stands y las ventas no fueron malas. Después están las particularidades de cada industria. El canal “Librerías” es complejo. Lo que es alquileres y los costos fijos son elevados. El que tiene una estructura chica está en un momento complejo. Hay un modelo nuevo, con ganadores y perdedores. Después hay situaciones específicas de la industria editorial donde antes el precio del papel podía llegar a estar siete veces más alto que en cualquier parte del mundo.

Vik Arrieta: más allá de que en todos estos años nos hemos preguntado si teníamos que hacer libros digitales, podcast, contenido digital, lo cierto es que nos cuesta horrores porque amamos lo tangible, los productos físicos. Nosotros competimos contra todos los otros estímulos que están online. Me acuerdo cuando estaba muy fuerte la discusión de si el libro digital iba a reemplazar al físico y no sucedió. Al final las personas somos seres humanos de carne y hueso que viven en un mundo físico y necesitan agarrarse de cosas. No niego que la vida digital exista, pero esta es mucho más real y lo que pasa en el mundo real tiene otro peso.
La generación Z y la gente más joven vuelve a conectar con los libros físicos y los dispositivos analógicos. ¿Qué piensan al respecto? ¿Lo notan desde Monoblock?
Vik Arrieta: el otro día me puse a ver en Tiktok toda la movida de los “booktubers”. Es una locura. Hay una movida gigante. La novela juvenil es una locura lo que vende. Y nosotros lo vemos con nuestros productos como atraen ese segmento. Todo lo que tiene que ver con lo tangible. Los rompecabezas, los diarios personales de escritura, es toda una contracorriente de lo digital. A los locales de Monoblock entra muchísima gente joven. Más que antes. Chicos de 18 años y también viene alguien de sesenta que llega con los hijos porque esa persona consumía Monoblock cuando arrancamos. Todo eso es…¡Wow! Ayer estuve en un evento de nuestras autoras Valentina Iudika y Aldana Nazar en casa Spotify y estaba lleno de chicas. Estaría buenísimo que los chicos se acerquen más al “journaling (llevar un diario personal)”. Ya está pasando un poco.
¿Cuál es el ritual creativo que organiza a Monoblock?
Vik Arrieta: producir ordena bastante los movimientos. Todo tiene que tener un sentido. Hay muchas reuniones de ideas, nos peleamos un poco entre todos y algunas van quedando. Pero llevamos tantos años en esto, que llegamos muy rápido a una propuesta concreta. Eso es una habilidad ganada. Hay mucha iteración, y también es cierta la frase “un libro no está listo hasta que está listo”. Pero ojo, tampoco es que nos vamos un mes a la montaña a pensar. ¡Aunque estaría buenísimo (risas)!






