Mirada de postal / Bárbara Arcuschin «la fotografía fue, es y será sensual».

“Hay algo en común en todo lo que hago, y tiene que ver con la energía de las personas”, le cuenta a POSTAL POSTAL Bárbara Arcuschin, la primera fotógrafa de este nuevo ciclo: Miradas de postal, en donde vamos a reunir y conocer qué impulsa, cómo sienten y cómo piensan los fotógrafos excepcionales, que hacen una diferencia en una época donde algunos pocos se distinguen en el tsunami diario de estímulos visuales.

Artista visual autodidacta, Bárbara suma otra definición: “el clic aparece cuando siento que estoy frente a algo irrepetible, aunque sea mínimo”. El mundo de la moda, la antropología, la dirección artística son algunas de las dimensiones que construyen una obra multifacética que aún así tiene un hilo conductor: el magnetismo.

Bárbara Arcuschin – retrato por su hermana (también fotógrafa) Nicole Arcuschin.

Para mí todo está conectado. No lo vivo como mundos separados. La moda muchas veces construye una fantasía, pero también puede acercarse mucho a la realidad, incluso documentarla desde un lugar más intenso o más idealizado. Hay algo en común en todo lo que hago, y tiene que ver con la energía de las personas. Para mí la moda es erótica, la calle es erótica, lo humano en sí tiene una carga que me atrae. Trabajo desde ahí, desde ese magnetismo. 

Su trabajo se expuso en muchísimas galerías y espacios de Argentina y el mundo. En muestras colectivas e individuales. Desde Buenos Aires hasta Madrid. Desde Londres hasta Nueva York. Desde México hasta Milán. Asimismo, fue seleccionada para el Premio de Artes Visuales en el Centro Cultural San Martín. Entre sus publicaciones más destacadas se encuentran: ID, Rolling Stone IT, L’uomo Vogue, The Photographic Journal, Vice, L’Officiel, Sleek Art, V Magazine, PH Museum, Fisheye Magazine, Kaltblut Magazine y Der Greif.

Recientemente, fue seleccionada en revisión de Portfolio por Fundación Amoedo en Casa Neptuna junto a Fola; y fue convocada para hacer una exhibición en Casa Cavia Site Specific donde sus fotografías se plasmaron en textiles de más de 3 metros de altura.

Porteña y un espíritu social, Bárbara disfruta de ver películas cuando busca desconexión, pasa tiempo “hojeando libros de arte” y recorriendo museos y galerías. También la atraen las ferias de ropa, los mercados de pulgas “y todo lo que tenga historia y textura”. Además Bárbara considera que, posiblemente por su personalidad latina, la conmueve tanto acercarse a otras culturas y al encuentro real, desde la curiosidad y el respeto: “en India, con comunidades como los Apatani en Nagaland, y en Etiopía, en el Valle del Omo, encontré miradas que expanden la forma de habitar el mundo”.

¿Qué atrae a la mirada de Bárbara Arcuschin para hacer “clic”?

Me atraen los extremos. Cuando aparece una grieta en la pose, o deja de posar y se entrega a ser fuera del control. Ese instante donde alguien se revela sin intención de mostrarse. No busco lo perfecto, busco lo que me convoca, me intriga, interpela, lo que vibra conmigo es perceptivo. El clic aparece cuando siento que estoy frente a algo irrepetible, aunque sea mínimo.

¿Qué emociones te produce la fotografía?

Me produce adrenalina el momento de querer comunicar y una mezcla de tensión con calma. Es una forma de estar completamente presente y, al mismo tiempo, tomar distancia. Me atraviesa. Hay algo muy físico en el acto de mirar: deseo, incomodidad, intimidad. Después, siento eso cuando el otro me lo devuelve en escena. Luego cuando la imagen queda, aparece algo menos ruidoso como si el tiempo se hubiera detenido ahí.

¿Qué fotos que hayas realizado te marcaron y no podés dejar de recordar?

Pienso en momentos muy específicos. Un “flashazo” en una fiesta donde apareció una escena profundamente erótica: una mujer le convidaba un cigarrillo a un chico, apoyando sus manos perfectamente pintadas de rojo con un emblemático y clásico anillo Cartier sobre la boca de él. En el instante en que él pitó, el flash capturó todo. Era una fiesta de Vogue en San Pablo. Fue algo inmediato, casi guionado pero real. Otro momento fue en Rusia. Me encontré con un niño vestido con un uniforme militar varios talles más grande, con una mirada dura, casi sórdida. Había algo ahí que me generó un déjà vu, una sensación extraña, como si esa imagen perteneciera a otro tiempo. Y después, en Budapest, dentro de unas termas. Afuera hacía menos diez grados, adentro el calor era intenso. Arriesgué la cámara, los rollos. Vi a una persona flotando, o más bien levitando, completamente entregada a ese estado. Esa imagen tenía algo más espacial, más ligado al tiempo y a la atmósfera y su presencia hablaba por sí sola. Son tres momentos distintos, pero de alguna manera definen mi forma de mirar: una conexión directa con el sujeto, otra más intuitiva, casi de memoria o de eco, y una tercera donde el espacio y el tiempo se vuelven protagonistas.

En un mundo donde todos tienen cámara en el celular y sacamos “cien fotos por día”: ¿cómo puede distinguirse (y ser genuina) una fotografía?

La diferencia no está en la cámara, sino que la oportunidad clave está en la mirada. Hoy todos pueden capturar, pero no todos sostienen una visión. Ser genuina es asumir una forma de ver el mundo, incluso cuando no es cómoda. Confiar en mi instinto. Una imagen se distingue cuando no intenta parecerse a otra, cuando no está hecha para gustar sino para decir algo, aunque sea en silencio, aunque no todos lo validen o comprendan.

Bárbara, en tu caso, te movés como fotógrafa en mundos disimiles, desde la moda hasta la fotografía documental o artística. Desde cierto erotismo hasta las “capturas callejeras”. ¿Cuál es – si es que lo hay – tu hilo conductor?

Para mí todo está conectado. No lo vivo como mundos separados. La moda muchas veces construye una fantasía, pero también puede acercarse mucho a la realidad, incluso documentarla desde un lugar más intenso o más idealizado. Hay algo en común en todo lo que hago, y tiene que ver con la energía de las personas. Para mí la moda es erótica, la calle es erótica, lo humano en sí tiene una carga que me atrae. Trabajo desde ahí, desde ese magnetismo. Cuando encuentro en la calle a alguien que me despierta algo, ese mismo impulso es el que llevo a una producción. No hay una división real. Es la misma mirada moviéndose en distintos contextos.

¿La fotografía sigue siendo sensual? ¿Dónde está su magia para vos?

Para mí sí. Fue, es y será sensual. No en un sentido literal, sino en la presencia, en esa tensión que aparece en el borde entre lo que se muestra y lo que no. Una imagen, cuando funciona, te hace volver. A alguien, a un momento, a un recuerdo, a un estilo o incluso a algo que no terminás de identificar. Puede perturbarte, emocionarte, generarte empatía o rechazo, pero algo te tiene que pasar. Y también aparecen preguntas. ¿Quién será? ¿Qué le habrá pasado? ¿Dónde fue eso? ¿Cuándo? Hay algo que no está del todo dicho, incluso en imágenes que parecen muy directas. Para mí, ahí está el twist: en lo que que produce algún tipo de interrogante o emoción.

Nos llamamos POSTAL POSTAL: cuando lográs una foto que decís “esto es de postal”.

Para mí, una foto de postal es la que logra condensar un momento en algo que puede volverse universal. Una imagen que viaja, que se queda en la memoria de alguien que ni estuvo ahí. Es algo íntimo que se vuelve compartido, sin escalas, sin perder su misterio. En un mundo donde pareciera que todo ya fue visto o fotografiado, lo que más me interesa es volver a encontrar algo que toque ese imaginario colectivo y poder verlo de nuevo como si fuera la primera vez. Ahí aparece, para mí, esa idea de postal.