«Soy 98 % emocional y 2 racional»: Martina Aynié en Adidas X POSTAL POSTAL.

Fotos: Fran Pettinari para POSTAL POSTAL.


En el Adidas Originals de calle Malabia, en Palermo, entre percheros y espejos, Martina Aynié se prueba las nuevas Adidas Control 5, como quien se prueba una versión de sí misma. Las zapatillas – dice -, son lo que termina de cerrar un outfit. Pero también son lo que te empuja a salir, a caminar la ciudad, a animarte. 

“Soy 98% emocional y 2% racional”, se ríe. Y esa ecuación explica mucho. Cómo se viste depende de cómo se siente. Hay días en los que elige un look que no falla, días en los que la ropa funciona como armadura.

Antes de las campañas y los lanzamientos hubo una adolescente de 16 años que abrió Instagram por insistencia de una amiga. Subía maquillajes que aprendía mirando YouTube mientras iba a un colegio técnico con orientación en medios. Durante un tiempo fue solo eso: un pasatiempo, fotos cada tanto. Hasta que un sorteo con una amiga , book de fotos más maquillaje, empezó a mover la aguja y a transformar el juego en algo más serio.

Al principio no hablaba frente a cámara. Le daba vergüenza. Sentía el peso del “qué dirán”, esa sensación de estar bajo la mirada constante de otros. Con el tiempo entendió que, si no trabajaba eso, la iba a paralizar.

Durante nueve años fue maquilladora profesional. Portfolio, clientas, proyectos. Las redes eran su vidriera, pero también un espacio de juego. Hasta que llegó la pandemia y, con ella, el tiempo. Armaba tres videos por día cuando todavía no era regla hacer videos en redes, cuando el reel recién empezaba a asomar. En ese momento, en dos meses pasó a tener 40 mil seguidores. Las marcas empezaron a escribirle. Profesionalizar lo que había sido hobby. Aprender a valorizar su tiempo. Dejar de trabajar gratis. Entender que era un trabajo real. Ese fue uno de los grandes saltos. Pero no el único.

Hay un camino que decidió no volver a recorrer: el de la comparación constante. “Es muy fácil hacerlo y muchas veces es inconsciente”, admite. Compararse desgasta, erosiona, desordena. Hoy intenta estar atenta, corregirse, no dejar que esa lógica le gane terreno. Es un ejercicio permanente.

Martina y María Comand, durante la entrevista con POSTAL POSTAL

Hay una promesa que se hizo y que intenta sostener: nunca dejar de buscar. Hubo un momento en el que sintió que había dejado de intentar cosas nuevas. Que la salud mental, cuando se desordena, paraliza. Volver al hacer fue salir de esa nebulosa: indagar, probar, equivocarse, hacer igual. En ese recorrido, la moda es refugio. Descubrir su estilo fue descubrir una forma de afirmarse. “La ropa es una armadura”, dice. Una manera de sentirse más ella en determinados espacios. De ocupar un lugar. Por eso, darle importancia, para Martu no es superficialidad.

La conversación inevitablemente llega a la salud mental. Hace un tiempo subió un video llorando. Impulsivo. Real. “Soy muy privilegiada en muchos aspectos y soy consciente al comunicar”, explica. Pero la salud mental atraviesa todo privilegio. Nombrar lo que sentía fue parte de su proceso de sanación. La sorpresa fue la respuesta: cientos de mensajes de seguidores que se animaron a contarle su propia historia. Porque detrás de la moda, del maquillaje y de la imagen, está la persona. Y no hay estética posible si la salud mental no está en orden.

Hoy sostiene rutinas concretas: psicólogo, actividad física, elegir lugares donde se sienta cómoda, pedir ayuda profesional cuando hace falta y encontrar la forma de hablar de lo que le pasa. En un trabajo que muchas veces puede ser solitario, para Martu aprender a estar sola sin que pese se volvió uno de sus desafíos: diferenciar soledad de conexión, y al mismo tiempo construir equipo, rodearse de gente con buena energía y dejar de sostener todo en silencio.

Hoy, está atravesando otra transición. Dejó el mundo del maquillaje porque ya no se proyectaba ahí. Ahora es creadora de contenido y empezó a involucrarse en el negocio familiar: una talabartería. Mundos que parecen lejanos, pero que está intentando unir. Hay algo de material, de oficio, de construcción que dialoga con su presente.

Hay una promesa que se hizo y que intenta sostener: nunca dejar de buscar. Hubo un momento en el que sintió que había dejado de intentar cosas nuevas. Que la salud mental, cuando se desordena, paraliza. Volver al hacer fue salir de esa nebulosa: indagar, probar, equivocarse, hacer igual.

En ese recorrido, la moda es refugio. Descubrir su estilo fue descubrir una forma de afirmarse. “La ropa es una armadura”, dice. Una manera de sentirse más ella en determinados espacios. De ocupar un lugar. Por eso, darle importancia, para Martu no es superficialidad.

En su tiempo libre arma rompecabezas, desconectada y sin pensar. Un gesto simple que la devuelve al presente.

Cuando le preguntamos cómo sería una postal que la represente, no duda: en su casa, en bata, con trípode y luces. Grabando. Habitándose. Ese es su territorio.

Y tal vez por eso las Adidas Control 5 no son solo unas zapatillas nuevas en su placard. Son parte de esa escena: la de una mujer que aprendió a escucharse, que se permite cambiar de rumbo y que entiende que estar cómoda también puede ser una forma de carácter.

Martu camina la ciudad. Pero, sobre todo, aprendió a no compararse en el camino.