Pristine Iguazú: no hay oscuridad en este mundo, así es el placer tropical en estado de pureza.

«El Luxury Camps es poético. Sólo veintitrés personas pueden acceder a la vez al socorro de esta fortaleza verde de confort. Dos suites premium de 58 metros cuadrados y cuatro Exclusive. Todas con un deck con piscina privada, jacuzzi y la mejor plataforma donde se estrena todos los días la mejor serie: nuestra propia porción de selva…»

Por Leandro Vesco en exclusiva para POSTAL POSTAL desde Misiones.

Puerto Libertad es Macondo, una joya colorida, una perla jugosa y carnosa. Inmerso en la selva, en sus calles de lajas coloradas, la vida transcurre bajo el imperio del sofocante calor, el canto de las aves, las historias de presencia sobrenaturales entre las sombras de las palmeras pindó, minas de piedras preciosas, energéticas y brillantes como una galaxia recién nacida, verdulerías que ofrecen frutas exóticas: la paleta del pintor que creó este paraíso de papayas y pitangas. Todo tiene color, todo pica, suda y todo se mueve y está vivo. Misiones es música, radios brasileras y paraguayas donde los umbandas ofrecen servicios infalibles de “amarres” y perfumes que atraen al amor y el dinero, alejan la tristeza y las “macumbas”.

Pristine Iguazú Luxury Camps es la manera más confesional de atravesar la experiencia de las Cataratas. En ese caótico mar humano que llega para verlas, a tan sólo media hora de allí, y dentro de la reserva privada Puerto Bemberg, todo aquí es intimo y propio. El esfuerzo está en que cada huésped sienta que es el protagonista de una película donde el guión tiene pocas palabras y muchos planos secuencia del goce hedonista, de la vibrante presencia de la selva y la calma, la relajación y la profunda desconexión de todo rasgo del mundo moderno.

Sensual, la jungla es un lenguaje coral, la vida está encendida. El canto de la creación no se ha apagado desde el principio del tiempo y todo aún está en estado virginal, las enormes hojas de los güembés, las plantaciones forestales y la reina y princesa de todo este constelar bochorno de belleza: la orquídea y la flor del lapacho. A orillas del río Paraná, y frente a la costa paraguaya, a sólo 44 kilómetros de la Garganta del Diablo, en una Highland panorámico, las seis suites del Pristine Iguazú son islas de lujo conectadas a la main house donde sucede todo lo bueno y deseado: piscina frente al río, deck y un restaurante donde el menú llega de la propia constelación de productos coloridos del monte, el agua y la selva. Nada más íntimo y discreto que estar rodeado de vida y encanto. 

Pristine Iguazú Luxury Camps es la manera más confesional de atravesar la experiencia de las Cataratas. En ese caótico mar humano que llega para verlas, a tan sólo media hora de allí, y dentro de la reserva privada Puerto Bemberg, todo aquí es intimo y propio. El esfuerzo está en que cada huésped sienta que es el protagonista de una película donde el guión tiene pocas palabras y muchos planos secuencia del goce hedonista, de la vibrante presencia de la selva y la calma, la relajación y la profunda desconexión de todo rasgo del mundo moderno. Esta película también es aventura. “Necesitamos recuperar el contacto con nosotros mismos y la privacidad, descubrir la naturaleza”, le señala a POSTAL POSTAL Bebe Badino, presidente de la Fundación Pristine.

El Luxury Camps es poético. Sólo veintitrés personas pueden acceder a la vez al socorro de esta fortaleza verde de confort. Dos suites premium de 58 metros cuadrados y cuatro Exclusive. Todas con un deck con piscina privada, jacuzzi y la mejor plataforma donde se estrena todos los días la mejor serie: nuestra propia porción de selva. Vidrio, madera y paja, los elementos usados. Los días que nos quedemos allí, serán los capítulos de la temporada. Durante toda la estadía, el concierto de aves es una sinfonía armoniosa, las crepusculares son barítonas y anuncian el festejo mayor: la noche. Antes, el atardecer. Desde el deck de la main house se ve recostar el sol sobre el río Paraná, que en este tramo es un mar de agua dulce que desplaza camalotes, aleteo de peces y voces guaraníes de Irala, el pueblo paraguayo en la costa opuesta. La profundidad del río es de 90 metros, intimida e hipnotiza a la vez. Un mar con aroma a frutas.

El desayuno es de las frutas. La guayaba, papaya, mango, cocos, maracuyá, aguaí, bananá, sandía, jaboticaba, pitanga, naranjas, mandarinas, ananá, carambola, pitahaya y la yaca, una especie de huevo de dragón carnoso. Dulces, delicadas, sensuales, exóticas. La rutina luego puede concluir en las distintas actividades, como navegar hasta el Salto Yasí (Luna en guaraní), una cascada secreta que sólo se accede navegando, o conocer la Garganta del Diablo embarcado: la consumación del placer. Eso es Pristine Iguazú: placer en estado de tropical pureza.

La noche entonces es un soliloquio de la maravilla. Las estrellas se confunden con los brillos de la selva. No hay oscuridad en este mundo donde conviven planetas, galaxias y presencias de la mitología guaraní como el Pombero, Yasy Yateré, Kurupí y el Yaguarú. En Puerto Libertad aseguran que en la selva que rodea al Camps quedó atrapada una hechicera y que no logra hallar la manera ni la adivinación para salir del encanto de vivir toda la eternidad rodeada de flores, salvia y mieles. Pequeñas luces conducen al restaurante, allí sucede el arte mayor: la gastronomía misionera.

Es la mejor manera de introducirse al mundo de esta tierra roja. La cocina es de autor, el menú es sencillo, pero nunca simple. El chef hace uso de una tienda a cielo abierto: la tierra colorada y su generosa naturaleza.

Reviro, sopa paraguaya, el borí borí, el dorado -salmón de oro del Paraná-, el pacú, un ceviche de surubí, ñoquis de mandioca. El mbeyu, y antes, durante y después, el maná sagrado: la chipa. Siempre femenina, es ella, de la realeza. Se cuentan alrededor de doscientas variedades de chipa, cada familia tiene su propia receta, pero las más tradicionales son la caburé, chipa guazú, soó, mboca, pirú, quezú, manduví y rorá. En el desayuno es el tiempo de las frutas. 

La guayaba, papaya, mango, cocos, maracuyá, aguaí, bananá, sandía, jaboticaba, pitanga, naranjas, mandarinas, ananá, carambola, pitahaya y la yaca, una especie de huevo de dragón carnoso. Dulces, delicadas, sensuales, exóticas. La rutina luego puede concluir en las distintas actividades, como navegar hasta el Salto Yasí (Luna en guaraní), una cascada secreta que sólo se accede navegando, o conocer la Garganta del Diablo embarcado: la consumación del placer. Eso es Pristine Iguazú: placer en estado de tropical pureza.

Las fotos de la nota son gentileza de Pristine Iguazú.

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