No hay un único verano en Punta del Este. Carnaval es una prueba. Hay ritual gastronómico, yoga frente al mar, jazz sobre la duna, cocina invitada y aplausos colectivos. Estos siete paradores no compiten: dibujan un mapa diverso donde cada uno tiene su momento.
Por Fiorella Benavides para POSTAL POSTAL desde Punta del Este.
En Punta del Este la playa no se vive igual en todos lados. Hay paradores donde el verano es ritual gastronómico, otros donde suena jazz sobre una duna, donde el equipo entero se disfraza en Carnaval o donde el día empieza con yoga frente al mar. Más que servicio de playa, estos siete espacios construyen escenas propias. Este recorrido de postal: desde José Ignacio a Punta Ballena, desde la Brava hasta Manantiales, reúne lugares donde el verano tiene identidad. Y con el carnaval y sus feriados a la vuelta de la esquina es propicio recordar que a la temporada de arena y traje de baño aún le quedan muchas semanas por delante.
Este recorrido de postal: desde José Ignacio a Punta Ballena, desde la Brava hasta Manantiales, reúne lugares donde el verano tiene identidad. Y con el carnaval y sus feriados a la vuelta de la esquina es propicio recordar que a la temporada de arena y traje de baño aún le quedan muchas semanas por delante.
1) La Huella: ya una tradición.

Desde 2001, La Huella sostiene su lugar como referencia gastronómica del Este. Fuegos a la vista, producto de estación y una experiencia donde la sobremesa es parte del plan. Este verano, los imperdibles son sus pescas del día a la parrilla y no perderse el clásico volcán de dulce de leche. Además: el sábado 21 de febrero se va celebrar «Cocina con Amigos», el cierre de ciclo de temporada con Mariano Ramón (Gran Dabbang) y Leo Lanussol (Ness) con menú especial desde las 20h. También anótense el «Aplauso general» de fin de temporada: el domingo de Semana Santa, todo el equipo sale a la playa para cerrar el verano con un ritual colectivo que muchos esperan cada año. Ideal para almuerzos largos y atardeceres sin apuro.
La postal de La Huella: funciona por constancia y por esos pocos momentos que se vuelven tradición y son sus postales.
2) El Chiringo: arranca en calma y termina en celebración.

Joven, descontracturado y siempre en movimiento, El Chiringo pasó de kiosco de playa a punto de encuentro imprescindible en José Ignacio. Si buscás un parador que arranque en calma y termine en celebración, es este. Yoga todos los martes y jueves por la mañana. Cocina simple y tragos frescos que acompañan la energía del lugar. Funciona desde temprano hasta el atardecer, según el plan.
La postal del Chiringo: los eventos de luna llena frente al mar.
3) Aura: ideal para almuerzos tranquilos frente al mar en conexión con el paisaje.

En la Parada 22 de la Brava, Aura combina arquitectura de líneas limpias con una propuesta gastronómica sólida y elegante, integrada al paisaje. Un lugar ideal para almuerzos tranquilos frente al mar. Puntos fuertes: chivito uruguayo reinterpretado por Grupo Trocca, la cocina bien ejecutada a cargo del chef Alan Solnik y el servicio de playa y espacios pensados para distintos momentos del día.
La postal de Aura: cualquiera del día si el plan es bajar un cambio.
4) Olaf Parador: no es un parador de paso, es un lugar para quedarse (y con jazz en vivo casi todas las tardes).

Sobre una gran duna en Punta Ballena, Olaf combina restaurante, jazz y arte con una identidad marcada y atmosférica. A tener en cuenta: Jazz en vivo todas las tardes del verano, Happy hour al atardecer (18 a 19 h), su ceviche de brótola con leche de tigre de pera, uno de sus platos estrella y la muestra permanente de mosaico contemporáneo de la artista Juana Guaraglia.
La postal de Olaf: el atardecer, cuando coinciden música y luz baja.
5) L´marangatú: ideal para bajar el ritmo sin desconectarse de la temporada.

En la Playa Mansa, I’marangatú propone un parador donde la sustentabilidad no es discurso sino práctica. Funciona con energía solar, cuenta con cargadores para autos eléctricos y sostiene una mirada consciente sobre el entorno sin perder el espíritu relajado de verano. Este verano en L’marangatú: música en vivo todas las tardes de Carnaval, funcionamiento con energía solar y enfoque ambiental real, sunset frente a la bahía, uno de los más tranquilos de la Mansa. Ideal para quienes buscan bajar el ritmo sin desconectarse del movimiento de temporada.
La postal de L´marangatú: las puestas del sol frente a la bahía con música en vivo.
6) La Susana: siempre copa en mano, siendo feliz en grupo.

En la Playa Mansa de José Ignacio, La Susana combina cocina de producto y energía social bajo pérgolas de bambú, con el mar como telón de fondo. Las recomendaciones de Postal Postal son: sus rabas del Atlántico con alioli, las estaciones gastronómicas en la arena, como el pulpo a la plancha con banana caramelizada y mayo de miso. su pomelada con jugo fresco de pomelo y limón, entre las bebidas destacadas.
La postal de La Susana: siempre copa en mano, en una mesa larga y en grupo.
7) Bikini Bistró: diseño y vista abierta.

En la entrada de Manantiales, frente a Playa Bikini, este parador combina arquitectura contemporánea en madera con una propuesta gastronómica que cruza mar y tierra sin rigidez. El espacio mira directo al océano y la experiencia se construye entre diseño, producto y vista abierta. Se destacan: la cocina nikkei con pescas frescas del Atlántico, la milanesa de entraña a la napolitana, convertida en uno de sus platos insignia (intensa, generosa y completamente inesperada en un parador de playa), los almuerzos relajados que se estiran hacia la tarde con el mar como escenario. Ideal para quienes buscan algo más que sushi frente al agua.
La postal de Bikini: un almuerzo relajado, si es con fuegos mejor, con el océano como escenario.






