«No te pasa nada si escuchás al que tenés enfrente, aunque lo aborrezcas»: entrevista a Nacho Girón.


Por Santiago Eneas. Fotos: Ana Pareta para POSTAL POSTAL.


La entrevista de POSTAL POSTAL con Nacho Girón sucedió en un lugar precioso y con una mística excepcional en Buenos Aires: la biblioteca de Casa Cavia. Es un remanso en una casona señorial en el sur del planeta. Lejos, el panorama es violencia desatada, liderazgos sin límites, la lógica de la fuerza. Conversamos sobre este contexto de guerra con Nacho Girón, quien vivió en carne propia como reportero distintos conflictos armados. Pero también quisimos conocer su punto de vista sobre la política argentina en este momento.

Desde el programa que condujo en CNN en español durante siete años, desde el micrófono de Urbana Play o desde su emisión actual en Infobae en Vivo, Nacho Girón ejerce el periodismo político con una peculiaridad que es una pequeña proeza en este tiempo de divisiones: sigue dialogando con las distintas corrientes políticas e ideológicas. Ya sean libertarios, kirchneristas, de derecha o de izquierda. Con ideas propias, que no le faltan, pero con una objetividad que ya no es costumbre, acaso por no ser el mejor negocio, o en sus palabras: «yo sería mucho más famoso si estuviera de un lado u otro de la grieta». Su postura se comprende con esta definición que le dio a POSTAL POSTAL: «mi objetivo es que puedas escuchar al que tenés enfrente, incluso si lo aborrecés, que te des cuenta que no te va a pasar nada.»

Me parece buenísimo como periodista hacer un trabajo impopular que es que puedas escuchar al que piensa distinto y no te mueras en el intento. Es un camino largo. Yo sería mucho más famoso si hablara desde alguno de los lados de la grieta. Esto es contra viento y marea. Además soy fanático de que me putee todo el mundo. Mi objetivo es que puedas escuchar al que tenés enfrente, incluso si lo aborrecés, que te des cuenta que no te va a pasar nada.

Nacho, fuiste reportero en muchos conflictos internacionales, así que empecemos por el mundo que arde. En enero capturaron a Maduro y hace poco más de una semana, Trump junto a Israel, inició un nuevo ataque contra Irán. ¿Cómo vivís este contexto explosivo?

Desde lo periodístico no me aburro, pero es delicado lo que pasa. Está en debate el derecho internacional. Y me llama la atención también el debate que podemos hacer sobre los nuevos liderazgos como el de Trump, más allá de todas las cosas malas que podamos decir sobre Venezuela e Irán. ¿Justifica la existencia de alguien malvado o de un determinado gobierno que yo me pueda meter en tu país? Además antes hubiera habido otros argumentos, hoy te dicen abiertamente “voy por el petróleo” o “voy a cambiar tal régimen porque no me gusta”. Se está reformulando todo. Las nuevas respuestas están en proceso.

¿Y qué te produce tanta violencia desatada? Que normalicemos hablar de drones iraníes, de misiles hipersónicos, de edificios destruidos, de refugios, de la cantidad de víctimas.

La violencia siempre me pone triste. Es un camino que no lleva a nada. Yo trato en mi oficio de hablar generando consensos. También pienso que en la República Argentina, tenemos muchos problemas, pero afortunadamente no tenemos guerra. No nos imaginamos lo duro que puede ser que te caigan misiles alrededor, que te veas forzado a dejar tu país. Cuando vivís en persona una situación de conflicto, te das cuenta de lo duro que es.

¿Qué sentís a nivel emociones en el cuerpo y en el alma cuándo estás en una zona de guerra o de ese nivel de ferocidad? ¿Lo podrías describir?

Salvo que hayas tenido formación militar, son sensaciones que en promedio la mayoría de la gente no está preparada para vivir. Ahí está el extremo humano. Lo bueno y sus miserias. El sufrimiento humano en su expresión más cruda. Estuve en la frontera de México y Estados Unidos en enfrentamientos del narcotráfico, en Venezuela en momentos de crisis, en Medio Oriente. Las personas conviven con la idea de poder morir en cualquier momento. Para un argentino promedio, es indescriptible. Da rabia y curiosidad cuando te toca narrarlo.

Salvo que hayas tenido formación militar, lo que se siente en una guerra, la violencia de algunos conflictos, es algo que la mayoría de la gente no está preparada para vivir. Ahí está el extremo humano. Lo bueno y sus miserias. El sufrimiento humano en su expresión más cruda. Estuve en la frontera de México y Estados Unidos en enfrentamientos del narcotráfico, en Venezuela en momentos de crisis, en Medio Oriente. Las personas conviven con la idea de poder morir en cualquier momento. Para un argentino promedio, es indescriptible. Da rabia y curiosidad cuando te toca narrarlo.

¿Te parece que estamos frente acontecimientos que cambian la historia?

Sí, es todo bisagra. Hay un clima de época que permite que se hagan cosas que antes no. Ya no se respetan los límites. Cuando Trump dice “Las Naciones Unidas hace años que no hacen nada” un poco de razón tiene. Entre el poder de veto y los cinco miembros del Consejo de Seguridad, se frena todo. Los acontecimientos son tan extremos que hay que saber separar la paja del trigo, para poder leer bien estos tiempos.

Uno también podría pensar que la violencia es un rasgo de normalidad entre las naciones y los pueblos en la historia. Hace diez años el Estado Islámico nos mostraba sus videos de prisioneros decapitados, hasta la década del cincuenta y sesenta países europeos todavía tenían colonias en África y Asia, estuvo la guerra de Vietnam. Fue «ayer».

Claro, pero se suponía que después de la segunda guerra mundial se habían creado organismos para ir matizando el poder de algunos estados sobre otros. Pero eso fracasó. Yo fui a cubrir mil cumbres donde todos “hacen como qué” y después rascás un poco y lo único que buscan es videos para las redes sociales, aparecer para la foto. Ahora cualquier acuerdo de no agresión se fue al demonio. Y en el medio estamos nosotros pensando que algún día estos muchachos que no tienen límites van a apretar el botón rojo y chau, no la contamos más.

¿Vos creés que se puede pudrir todo a ese nivel? ¿Que estamos jugando con fuego?

Claro, vengo de trabajar en CNN en español y vi como de un año al otro, cada vez me tocó a hablar más seguido de conflictos armados. Antes eran dos o tres veces por año, ahora es todos los días. Lo que pasa es que tenemos líderes medio dispuestos a todo y con la mayor capacidad tecnológica de la historia y con empresarios que, por ahí, son aún más poderosos que ellos. ¿Quién tiene más poder, XI Jin Ping, Netanyahu, Donald Trump o el dueño de una empresa de Inteligencia Artificial?

¿Decís que estos presidentes reciben órdenes de esos empresarios?

Basta ver todo el poder que estos políticos le dan a los líderes tecnólogicos. Fingen como que no tienen poder, pero son más poderosos, entre sonrisa va y sonrisa viene.

Yo fui a cubrir mil cumbres donde todos “hacen como qué” y después rascás un poco y lo único que buscan es videos para las redes sociales, aparecer para la foto. Ahora cualquier acuerdo de no agresión se fue al demonio. Y en el medio estamos nosotros pensando que algún día estos muchachos que no tienen límites van a apretar el botón rojo y chau, no la contamos más.

Líderes como Trump o Javier Milei fueron avalados por sus sociedades, están en el poder por el voto democrático. ¿Qué les pasa a esas sociedades?

A mí me generan admiración los líderes que, más allá de si coincido o no, saben leer los signos de su tiempo, el clima de época. No estoy tan de acuerdo con Donald Trump pero me genera una extraña fascinación como conecta con su público, como regresó a la presidencia después de eventos como la toma del Capitolio. Milei te puede gustar o no, y a mí no me gusta demasiado, pero a diferencia de otros políticos tradicionales, logró conectar con lo que a la gente le pasaba, eso lo destaco. Lo oposición lo denostaba, pensaba que se lo iba a comer en dos panes, pero él comprendió mejor los tiempos y hoy tiene a todos los políticos tradicionales mansos como mascotas.

¿Cuándo decís signos de los tiempos te referís, creo, a qué supo leer cuáles eran los anhelos, problemas y demandas de la sociedad?

Está claro. Milei entendió que habia una gran porción del pueblo que quería una vida ordenada. Con menos inflación, aún si tu salario lo sufre. Entendió que la gente no quería más piquetes y encontró la manera de solucionarlo. A su vez, con la micro economía estamos con un problema y le va a traer más de un dolor de cabeza. Yo me la paso en reuniones “de rosca” con políticos y nunca nombran a la gente. Te dicen “no sabés el cargo que conseguí”, nunca hablan de la gente. Son una manga de fracasados que no se les cae una idea. Además no están dispuestos a pensar porque son vagos. Se la pasan criticando a un gobierno, pero no tienen ni una idea para poder ganarle en las urnas. ¿Cuál es su contra propuesta? Si siguen así, se los va a comer de nuevo el oficialismo.

Claro, hay temas existenciales como la ausencia de crédito que hizo que una o dos generaciones de argentinos que trabajan no puedan acceder a la vivienda y fue un tema invisible.

Es que los políticos profesionales no están conectados con esa necesidad, por ejemplo. Ni muchas de la clase media tan golpeada. Ahora, si la oposición sigue en la crítica por la crítica en sí, haciendo reuniones infinitas para definir quién se queda con tal cargo, no van a volver al gobierno.

Hay como un ciclo de retorno interminable en el país, no logramos condiciones de normalidad. Es interesante recordar que el slogan con el que Néstor Kirchner se presentó en el 2003 fue: “seamos un país normal”.

Así es. Pero después los políticos se miraron tanto el propio ombligo, que inocularon una desconfianza generalizada. Y eso provocó un problema de educación cívica. Somos un pueblo que vota sin ganas.

¿No tenemos un problema en Argentina con el valor del respeto? Con no respetar ni registrar al otro, no darle entidad, incluso en los aspectos mínimos como no cederle el paso al peatón al conducir.

Hay algo de estos tiempos, después de la pandemia, de un individualismo. De estar más aislados. Pero no voy a generalizar. Porque por uno que es intolerante en Argentina, o que no le importa el otro, hay diez que sí. También deberíamos indignarnos más con el tono que baja el Presidente. Es un mal ejemplo para los pibes. Ven la inauguración del ciclo legislativo y piensan ¿y por qué yo en el colegio no me voy a putear entonces? Pero vuelvo: Argentina está llena de gente buena. Llena.

Así como decís que Milei supo leer el clima de época. ¿Creés que la agenda puede cambiar?

Claro que sí, porque Argentina además es muy volatil. El riesgo, que ya le sucedió al peronismo, es que metas un par de goles y después te desconectes de la gente. Y ojo con perder de vista que el que te vota en una legislativa, después puede quitarte el apoyo. Ese apoyo te lo tenés que ganar todos los días, no encerrarte en la Quinta de Olivos.

¿Si hay una nueva agenda o una renovación por donde puede venir? Pichetto ahora está haciendo algunos movimientos, levantó el perfil.

¡Si un señor de más de setenta años es la renovación yo me levanto y me voy! Es tiempo de dirigentes más jóvenes y que los más grandes los dejen surgir. El político argentino tiene un gran problema: no se sabe jubilar.

Milei entendió que habia una gran porción del pueblo que quería una vida ordenada… Yo me la paso en reuniones “de rosca” con políticos y nunca nombran a la gente. Te dicen “no sabés el cargo que conseguí”, nunca hablan de la gente. Son una manga de fracasados que no se les cae una idea. Además no están dispuestos a pensar porque son vagos. Se la pasan criticando a un gobierno, pero no tienen ni una idea para poder ganarle en las urnas. ¿Cuál es su contra propuesta? Si siguen así, se los va a comer de nuevo el oficialismo.

Pese a este panorama: ¿sos optimista con Argentina? ¿Creés que podemos dejar atrás tantas décadas de desencantos?

Si no fuera optimista no podría levantarme y aparecer al aire todas las mañanas. Lo que hay que dejar de tener es miedo a las diferencias ideológicas. Lograr como en Chile o Uruguay un núcleo de consensos que gobierne quien gobierne no se modifica. ¿Por qué ellos pueden y nosotros no? Milei encontró un negocio en la polarización así que no veo que con él cambie. ¿Cómo no nos ponemos de acuerdo en diez puntos básicos? Necesitamos que Argentina sea un poco más racional sea quien sea presidente. Somos un pueblo con muchos problemas pero somos espectaculares.

Pocos periodistas logran hablar con todas las líneas políticas. Un día con Martín Menem, otro con Kicillof, otro con Pichetto. ¿Cómo lo lográs?

Porque no tengo “sesgo de confirmación” y me parece buenísimo hacer un trabajo impopular que es que puedas escuchar al que piensa distinto y no te mueras en el intento. Es un camino largo. Yo sería mucho más famoso si hablara desde alguno de los lados de la grieta. Esto es contra viento y marea. Además soy fanático de que me putee todo el mundo. Mi objetivo es que puedas escuchar al que tenés enfrente, incluso si lo aborrecés, que te des cuenta que no te va a pasar nada.

Nacho, para terminar, cuáles son los momentos de postal en tu vida.

Yo sobrevivo gracias a esas postales, por fuera de mi carrera. Son los placeres de mi vida. Ver una raqueta de tenis y una pelota a mis pies. El tenis. O la playa, el mar, esa gran invención, que me hace tan bien. Sin estas postales no sobrevivo.