«Las obras no tienen que ser bellas, tienen que despertar algo en la cabeza»: Ketty y Nicole Moises, madre e hija coleccionistas.

Ketty y Nicole Moises son madre e hija y recibieron a POSTAL POSTAL para conversar sobre su pasión compartida. Ambas coleccionistas, la debilidad de Ketty son las vanguardias, como la de la Nueva Figuración de los años 60; mientras que Nicole apuesta a los artistas de trayectoria más joven y emergente. Cómo una inspiró a la otra, y las diferencias en sus formas de coleccionar y concebir el coleccionismo.


Por Nicole Giser. Fotos: Azul Zorraquin para POSTAL POSTAL.

Cuando Ketty Moises era chica visitaba a su tía coleccionista y era como zambullirse en las profundidades del arte moderno argentino. Más tarde, empezó a estudiar arte moderno y contemporáneo con docentes como Hugo Petruschansky, Florencia Battiti, Laura Batkis y Julián Camargo. Hoy tiene una colección propia de arte argentino, y museos como el MoMA de Nueva York le piden obras prestadas para hacer sus muestras.

En el departamento de Nicole Moises, su hija, – también coleccionista, y arquitecta y curadora -, hay obras de todos los tamaños: resalta en este piso alto de Palermo, con balcón que mira al río, una instalación de la serie La vida secreta de las flores, de Julieta Tarraubella en una pared. Con pantallas que registran el crecimiento de las flores, aborda la época, las redes y los sistemas de vigilancia.

Otra adquisición muy relevante la hizo en 2020 y es la protagonista del living: una serie de dibujos de Matías Duville, el artista recientemente elegido para el envío argentino a la Bienal de Venecia de 2026. “En 2020 empecé a coleccionar. A fines del 2019 falleció mi papá y además me mudé a este departamento. Fue un año de mucho movimiento, en 2020 empecé a trabajar en mis primeros proyectos como arquitecta y, con lo que ganaba, a comprar mis primeras piezas”, cuenta. 

También hay una gran obra de Ernesto Ballesteros, una falsa cámara de seguridad hecha de espejos por Nina Kovensky, un original Liliana Porter, un zapatito de princesa que Galaxia y Mar le hicieron especialmente a medida y le trajeron «dragueadas» a su casa. La colección tiene más de 110 obras y continúa en un depósito. 

Ketty: «las obras que compro no tienen porqué ser bellas estéticamente, lo que me gusta es que despierten algo en la cabeza: con el tema de los meteoritos caídos en La Rioja, los artistas Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg se involucraron, siguieron la ruta. El meteorito estuvo en el museo tecnológico de Estados Unidos. Yo les compré unas piedras litográficas con el esquema de dónde apareció el meteorito, y un llamador escultórico con documentos para ponerse de acuerdo a ver a quién le pertenece: si a Argentina, porque apareció acá, si al mundo, etcétera. Eso a mí ya me rompe la cabeza.»

“Trato de estar al día con todas las muestras que hay en la ciudad”, dice la arquitecta de 34 años que es una de las mecenas oficiales del Museo Moderno de Buenos Aires; y brindará apoyo a las muestras que este año celebrarán los 70 años de la institución.

“Para este camino que elegí fue crucial empezar a estudiar arte contemporáneo por sugerencia de mi mamá. También mi infancia fue muy cultural gracias a ellos. Crecer rodeada de obras despertó mi interés y, cuando tenía 15, vi en vivo por primera vez un Picasso. Mamá me dijo ‘miralo bien, nunca te lo vas a olvidar’, tuvo razón”, dice.

Su madre, Ketty, cuenta que persigue desde hace tres años un Kuitca, y desde hace algunos menos una de las esculturas de colchones de Marta Minujín. “Mondongo y Adrian Villar Rojas son algunas de mis debilidades. He adquirido vanguardias enteras, tengo casi toda la del 60. Soy paciente”, desliza. “Las obras que compro no tienen porqué ser bellas estéticamente, lo que me gusta es que despierten algo en la cabeza: con el tema de los meteoritos caídos en La Rioja, los artistas Guillermo Faivovich y Nicolás Goldberg se involucraron, siguieron la ruta. El meteorito estuvo en el museo tecnológico de Estados Unidos. Yo les compré unas piedras litográficas con el esquema de dónde apareció el meteorito, y un llamador escultórico con documentos para ponerse de acuerdo a ver a quién le pertenece: si a Argentina, porque apareció acá, si al mundo, etcétera. Eso a mí ya me rompe la cabeza”.

Nicole: «para este camino que elegí fue crucial empezar a estudiar arte contemporáneo por sugerencia de mi mamá. También mi infancia fue muy cultural gracias a ellos. Crecer rodeada de obras despertó mi interés y, cuando tenía 15, vi en vivo por primera vez un Picasso. Mamá me dijo ‘miralo bien, nunca te lo vas a olvidar’, tuvo razón.»

Las debilidades artísticas de Nicole, por otra parte, van de las serigrafías de Nicolás García Uriburu hasta la novedad de Luna Sudaca, Beto Villa y Florencia Rodríguez Giles. En los demás espacios de su casa hay obras de Ana Won, Alfredo Dufour, Stella Ticera y Martín Farnholc Halley entre otros creadores jóvenes que resuenan cada vez más.

La curadora trabaja desde hace algunos años en registros inmersivos de distintas muestras alrededor del mundo, como la de Luciana Lamothe en la última Bienal de Venecia. Con tecnologías de modelado y renderizado 3D, convierte esos registros a la realidad virtual, para que desde cualquier parte del globo y a través de cualquier dispositivo conectado a wifi, se puedan recorrer esas muestras en detalle y alta definición. “Subvencionar la carrera de los artistas y apoyarlos tiene un gran valor que es parte de este hábito”, señala Ketty. “Me gusta la apuesta al futuro de los artistas nuevos”, agrega Nicole.