POSTAL POSTAL conversó a fondo con la directora de la mítica galería de arte de Buenos Aires. Última representante de una estirpe que inició su abuela Ruth. La epopeya de un proyectó que cumplió seis décadas/¿Por qué apostaron por Puerto Madero para una segunda sucursal? Su visión crítica de las ferias, la expansión hacia otros países y cuál es el secreto de la permanencia.
Por Melisa Boratyn para POSTAL POSTAL. Fotos: Azul Zorraquin para POSTAL POSTAL.
Mientras que algunas partes de Buenos Aires están fuertemente asociadas a la gastronomía o la escena nocturna, otras como Villa Crespo, La Boca, el Microcentro o San Telmo crearon vínculos con la cultura local, representando diferentes aspectos de la vasta identidad porteña. Sin embargo, Puerto Madero todavía se percibe como una isla de posibilidades, con una personalidad a la que le falta algo de carácter, pero que crece de forma rápida e independiente junto al río. Podríamos decir que instalar una galería de arte contemporáneo ahí es como mínimo un desafío, algo que no parece preocupar a Mora Bacal y Orly Benzacar, directoras de la mítica Ruth Benzacar, que este año cumplió seis décadas, una epopeya casi inimaginable. Apostar por aquello que otros no ven es una destreza que llevan en la sangre frente a la idea de que no hay nada más valioso que ser auténtico. Sentada en el piso superior de la nueva sucursal – Juana Manso 1549 – que abrieron hace apenas dos meses, Mora recibe a POSTAL POSTAL mientras mira por la ventana y enumera las cosas que más le gustan de este proyecto, alejado del inmenso galpón de Villa Crespo que hace diez años llaman su hogar.
Abrir una segunda sucursal es un paso inédito en la historia de la galería, algo que imagino que tiene que ver con establecer nuevos horizontes después de tantos años. Me gustaría preguntarte acerca de tu visión con respecto a sembrar un nuevo camino en Puerto Madero.
Desde sus inicios, la galería siempre tuvo mucho movimiento y abrazó las inquietudes sin miedo. A pesar de ser una estructura chica, ocupamos muchos roles importantes dentro de la escena cultural, algo que es habitual para proyectos como el nuestro. Sin embargo, somos un espacio ligado al comercio y nos interesa mucho descubrir y crear mercados nuevos, por eso cuando apareció la oportunidad no lo dudamos. Sentimos que Puerto Madero tiene un enorme potencial por ser un barrio relativamente nuevo, con un poder adquisitivo alto y en constante movimiento.
Cuando se instalaron en Villa Crespo, después de décadas de estar en el mítico espacio de Florida al 1000, también fueron los primeros. ¿Creen que esta movida puede ser el comienzo de un nuevo polo cultural, en especial teniendo en cuenta que en los últimos años hubo un gran desplazamiento de galerías hacia San Telmo y Microcentro?
Estamos muy cerca de esos circuitos por lo que no sé si habría mucho interés por armar algo nuevo acá. Para nosotras esto es una especie de experimento que invita al dinamismo, ya que pensamos a esta segunda sucursal como una trastienda curada y una vidriera, algo que nunca tuvimos. Por otro lado, nos entusiasma tener un espacio más abarcable, ya que Villa Crespo, por sus dimensiones enormes se acerca más a un museo que necesita de superproducciones que a una galería promedio. En cambio acá podemos jugar un poco más y lograr que el desafío esté en lo comercial más que en lo expositivo.
¿Es una posibilidad para que se acerquen compradores que no necesariamente son coleccionistas ni están acostumbrados a recorrer galerías?
Es exactamente eso, así como una oportunidad para estar inmersos en un circuito de turismo y hotelería que no llega a Villa Crespo, por lo que venimos a explorar ese potencial, acercarnos a clientes nuevos y así como a los conocidos que no suelen atravesar la ciudad para visitarnos.

Pensamos a esta sucursal en Puerto Madero como una trastienda curada y una vidriera, algo que nunca tuvimos. Podemos jugar un poco más y lograr que el desafío esté en lo comercial más que en lo expositivo. Sentimos que Puerto Madero tiene un enorme potencial por ser un barrio relativamente nuevo, con un poder adquisitivo alto y en constante movimiento.
Mora, formás parte de una nueva generación de galeristas, por lo que quisiera saber cuál es tu mirada con respecto a los cambios que ocurrieron en el mercado en los últimos años. ¿Dirías que ese segmento de compradores que mencionás se está animando a vincularse de una manera más cotidiana con el arte?
De eso no hay duda. El mercado está muy dinámico y somos testigos del nacimiento de una nueva generación que quiere comprar arte, que nació con la tecnología como una herramienta crucial en sus vidas y nuevos tipos de trabajo, algo que tenemos que acompañar y mostrarles que relacionarse con la cultura te posiciona. Lo que está pasando hoy me recuerda de alguna manera a lo que vivió mi abuela en los años 60 cuando empezó, una época en la que había una generación de jóvenes profesionales que adquirían obras y entendían el valor del consumo cultural. Siento que hay un nuevo reconocimiento que invita a la convivencia natural, así como una profesionalización de las colecciones existentes. Detrás de las compras existen nuevas estrategias enfocadas en el armado de una identidad, lo que hace que las decisiones sean menos compulsivas y más comprometidas.
Un trabajo a largo plazo para crear relaciones duraderas y sinceras con el arte. Sobre eso, te pregunto cuáles son las estrategias y cualidades que hacen que esas personas confíen en Ruth Benzacar.
Nos esforzamos mucho para mantener un diálogo cercano con nuestros clientes, artistas y el equipo de la galería. Por otro lado tenemos un nuevo staff de personas muy jóvenes que tienen una llegada natural a su generación, que está empezando a conocernos. Esa idea de acercarnos al presente también se ve en los artistas que cada año se suman, como por ejemplo Ulises Mazzucca, Francisca Rey o Stella Ticera, que al mismo tiempo dialogan y se potencian con alguien de la talla de Delia Cancela, que tiene más de 80 años, un recorrido artístico enorme y que también forma parte de la familia Benzacar hace poco tiempo. Esas decisiones no solo validan la importancia de relacionar a diferentes generaciones sino que demuestra que somos un proyecto de su tiempo, algo que puede parecer una obviedad pero que no lo es. Si querés ser contemporáneo, tenés que acompañar el presente y renovarte, algo que siempre hicimos con mucha flexibilidad y la razón por la cual nos sostenemos.
La galería siempre fue reconocida por mantener esos vínculos a largo plazo con los artistas y crecer de la mano. ¿Cuál es el secreto para sostener la permanencia en una era en la que casi todo se diluye de manera veloz?
Una de las cosas que más me enorgullece es saber que trabajamos con la honestidad necesaria para consolidar estas uniones en el tiempo y convertirnos en una gran familia. No es casualidad que haya artistas que trabajan con nosotras desde sus veinte años y tres décadas más tarde sigan acá. La relación con una galería es de mucha exigencia de ambas partes, pero también requiere de confianza, respeto y gratitud para fortalecerse y acompañarse.

Si querés ser contemporáneo, tenés que acompañar el presente y renovarte, algo que siempre hicimos con mucha flexibilidad y es la razón por la cual nos sostenemos. Me enorgullece que nos convertimos en una gran familia. No es casualidad que haya artistas que trabajan con nosotras desde sus veinte años y tres décadas más tarde sigan acá. La relación con una galería es de mucha exigencia de ambas partes, pero también requiere de confianza, respeto y gratitud para fortalecerse y acompañarse.
Formás parte de un negocio familiar que estuvo liderado por tu abuela y tu mamá. ¿Cómo consolidás Mora tu rol dentro de la galería?
Entré a Benzacar con la intención de que fuéramos conscientes de que se estaba gestando algo más sistémico de lo que ellas conocían. Cuando mi abuela creó la galería durante un largo tiempo fue la única en muchos aspectos. En cambio, cuando yo me sumé, al poco tiempo se consolidó la Cámara Argentina de Galerías de Arte Contemporáneo (Meridiano), que generó un ecosistema rico y necesario, que permitió potenciar la producción del arte argentino. Durante años fuimos los únicos en salir al mundo cuando viajábamos a ferias de arte como Arco en Madrid o Art Basel Suiza, donde durante 5 años no hubo otros proyectos nacionales. Eso hizo que no tuviéramos la validez suficiente y teníamos que estar defendiendo todo con una energía ya ni sabíamos de dónde sacar. Sin embargo, con la profesionalización del mercado esas cuestiones se revirtieron y me llevaron a repensar la galería desde un lugar muy profundo. Por eso creo que vengo a aportar una transformación y fortalecimiento que, si bien es casi invisible para el afuera, empieza a verse con el paso del tiempo.
Otra cosa que noté fue un cambio fuerte y poco habitual para una galería, en cuanto a las estrategias de comunicación. Desde las fotos que suben a redes sociales, hasta el documental que hicieron o alianzas con marcas como Etiqueta Negra o que Dillom haya presentado un libro en Benzacar. ¿Estas acciones nacen como consecuencia de los 60 años o ya se venían pensando?
El aniversario nos llevó a entender que estábamos frente a una oportunidad única e irrepetible y por eso le pusimos mucha garra a la comunicación, para que el camino recorrido se vea y que el que no sabe que se entere. Sin embargo, no estamos pensando solo en hoy sino en los próximos años, la próxima década y todo lo que dé. La pandemia nos llevó a acomodar muchas cosas que en la vorágine del día a día no se ven porque somos una estructura muy chica en relación a todo lo que hacemos. Cuando las muestras dejaron de producirse y las ferias se cancelaron pudimos repensar qué dirección íbamos a tomar y todo lo que podíamos hacer de forma novedosa y diferente. Se sentaron unas bases muy sólidas para decir, avancemos todo lo que se pueda. No hay nada que nos frene. Lo de Etiqueta Negra por ejemplo, fue una invitación a hacer un documental en relación a mujeres que inspiran, además de un recorrido por la galería y el préstamo de obras para la vidriera de uno de sus locales (en Alcorta), pensando que el arte llegara a la vista de un nuevo público, pero por sobre todo es un caso que demuestra que estamos abiertas a recibir nuevas propuestas que amplíen los públicos.
¿Cómo ves a las ferias de arte y qué tan funcionales son para las galerías en este mundo hiperconectado?
Me paro en un lugar de mucha crítica porque me habría gustado que en ese momento de pausa que a nosotras tanto nos sirvió, se hubiese hecho un replanteo del sistema, pero como eso no sucedió siento que hay algo que se agotó y lo voy a explicar con un ejemplo. La primera vez que fui a Art Basel Suiza, ni siquiera existía difusión de obras por PDF, por lo que todo era una novedad y el momento del “First choice”, cuando llegan coleccionistas de todo el mundo buscando ser los primeros en adquirir aquello a lo que no accedían, era una experiencia muy real y física. Llegar a una feria internacional te posicionaba como un descubrimiento para la escena internacional que te recibía con los brazos abiertos y la plata en los bolsillos. Eso hoy ya no existe porque al vivir en un mundo hipercomunicado la llegada al arte es diferente y las galerías muchas veces llegan con todo el stand vendido, por lo que el trabajo se hace mucho antes de llegar. Eso me hace pensar que hacer inversiones tan grandes para viajar ya no tiene el mismo sentido.
¿Cuál es la solución?
Estar en una feria todavía sirve porque el beneficio no se calcula solo en ventas, sino en los contactos que hacés con curadores o instituciones que pueden dar visibilidad a los artistas entre otras cosas que van más allá de la venta, por eso hoy todavía me animo a sumarme al juego sin dejar de ser crítica porque sé que hay lugar para que las cosas mejoren. Más allá de eso, apuesto a hacer misiones comerciales como ir cuatro días a una ciudad que me interesa, agendar reuniones, crear encuentros y abrir puertas, entendiendo que somos una galería que tiene ese tipo de llegada al mundo.

Si pienso en un horizonte internacional, Brasil y su mercado es de los países que más me interesan. Fui por primera vez a San Pablo en el 2010 y volví convencida de que teníamos que tener un galpón allá. No podía creer lo enormes que son las galerías. Hay que aprovechar la cercanía. Tendríamos que estar más comunicados, que sea más fácil mover las obras, ablandar un poco las leyes aduaneras o que la ley de circulación de obra se aplique como se debe.
¿Cuales son los horizontes internacionales a los cuales apuntan y qué mercados te interesan Mora?
Brasil es uno. Fui por primera vez en el 2010 y volví convencida de que teníamos que tener un galpón por lo que veía en las enormes galerías de San Pablo y que no podía creer. Ahora que tenemos nuestro galpón en Villa Crespo, quiero el mercado brasileño, aprovechar la cercanía con la región y la posibilidad de estar más comunicados para que sea fácil mover las obras y ablandar un poco las leyes aduaneras o que la ley de circulación de obra se aplique como corresponde. Estamos en eso, luchando por algo que mejore ambos mercados.
Por último, quisiera abrir un debate que hace mucho tiempo está sobre la mesa. ¿Cómo se cambia «el switch» para que sean más las personas que visitan galerías de arte?
Fomentando la idea de que visitar una galería puede ser parte de tu día a día. Si cuando viajamos vamos a los museos, ¿por qué no recorremos el circuito comercial? Estamos hablando de espacios que están abiertos todo el año, son gratuitos, proponen muestras de altísima calidad y muestran la producción actual de los artistas, incluso más que la mayoría de las instituciones. Quizás sea hora de animarse a más y hacer una campaña en la calle o invitar a gente que tiene llegada a un público masivo a que se despierte un verdadero interés. Pienso que de esa manera se puede lograr un consumo cultural más constante y sólido.









