Van cuatro semanas de conflicto desde que Estados Unidos e Israel decidieron abandonar la vía diplomática y atacar al régimen de los ayatolás en Irán. Trump, detrás de la pantalla, tuitea ultimátums y amenaza con destruir las centrales eléctricas iraníes si no libera el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo mundial. El gobierno teocrático, por ahora, resiste: apuesta a la represión interna y a estrangular a los mercados internacionales de petróleo y gas. “Estamos solos frente a la mayor superpotencia militar de la historia”, graficó un diplomático iraní hace unos días.
Para Estados Unidos, el escenario más favorable es que la guerra termine pronto. ¿Qué es pronto? “Que caiga el régimen de los ayatolás antes de fin de mes”, pone un plazo concreto el politólogo Andrés Malamud, en charla con POSTAL POSTAL.
Nadie sabe cuánto más se extenderán la violencia y la muerte, pero el tiempo es un factor que afecta a todos. Desde Postal Postal, conversamos con especialistas en relaciones internacionales y geopolítica para entender el nuevo tablero de ajedrez (juego, por cierto, nacido entre la región de la India y de Persia) que se despliega en el mundo. ¿A qué juega cada potencia? No solo las que combaten sino también las que tienen un rol más silencioso pero que mueven sus piezas de algún u otro modo. Una por una, analizamos: ¿con qué desenlace se fortalecen? ¿Con cuál pierden? ¿Cómo quedan en el «podio» del dominio global?
1) Estados Unidos: entre las consecuencias económicas y la necesidad de que la guerra termine pronto. ¿Precisión de ajedrecista o un uso de la fuerza que destruye pero no construye?

Para Estados Unidos, el escenario más favorable es que la guerra termine pronto. ¿Qué es pronto? “Que caiga el régimen de los ayatolás antes de fin de mes”, pone un plazo concreto el politólogo Andrés Malamud, en charla con POSTAL POSTAL.
De todos modos, si aquello no sucede, Estados Unidos tiene suficiente espalda militar para aguantar. Lo más preocupante para el gigante americano son las consecuencias económicas del aumento del petróleo. Pero esto, Trump ya podría haberlo evaluado. El 3 de enero de este año, invadió Venezuela, capturó a Nicolás Maduro y firmó un acuerdo con el hermano de Delcy Rodríguez para que le liberen la venta de crudo venezolano. “Si la movida fue esa, fue de una precisión de ajedrecista”, le afirma a este medio Constanza Mazzina, Doctora en Ciencias Políticas.
El embajador Ricardo Lagorio, toma un término acuñado por Richard Haass, diplomático estadounidense, para señalar que esta guerra es una «war of choice», es decir, una «por elección, no por necesidad». Según él, tanto la administración Trump con su doctrina «Donroe», y la de Netanyahu, eligieron iniciar un enfrentamiento con objetivos estrictamente militares: terminar con el proyecto nuclear iraní y desactivar su poderío militar y el de sus proxies. Para salir airosos de esta situación, deberán cumplir con ellos, pero advierte: “ganar la guerra no es lo mismo que ganar la paz».
Mazzina comparte esta visión, pero también razona que el soft power que promovía Obama, no funcionó. “Obama empezó con el descongelamiento de relaciones con Cuba, estrechó manos con Raul Castro, y no logró liberar a ni un solo preso político. El resultado de su política “buenista” fueron quince años más de sobrevida a las dictaduras”, argumenta.
2) Israel: contra su enemigo existencial, a todo o nada (la gran diferencia con sus aliados en Washington).

No hay duda sobre lo que se propuso el gobierno de Israel: desactivar al régimen de los ayatolás, sus capacidades misilísticas y nucleares. Mazzina lo valida: “Israel persigue la rendición incondicional del régimen y de los grupos terroristas que financia”.
Si bien Estados Unidos comparte los mismos objetivos, hay una diferencia enorme entre ellos: para el Estado israelí es una cuestión existencial. “Por eso, si la guerra se prolonga, Israel va a resistir”, asegura Malamud y agrega otro incentivo más: “la disrupción que provoca el contragolpe iraní es baja”.
Lagorio respalda esa misma distinción: “el régimen de los ayatolás niega la existencia de Israel. A Estados Unidos lo considera el Gran Satán, pero no niega su existencia. Es una diferencia que complica la finalización de la guerra porque mientras Estados Unidos podría convivir con un régimen moderado, Israel no”, afirma.
3) China: no juega al ajedrez, juega al «Go» (encerrar al adversario, nunca eliminarlo) y como decía Napoleón «deja que sus enemigos se sigan equivocando».

En términos de recursos petroleros, Pekín no correría la misma suerte que su principal adversario. Depende estrechamente del estrecho de Ormuz, valga la redundancia. “Todos perdemos con la subida del precio del petróleo, pero el gran perdedor es China. Depende en un 90% del abastecimiento iraní”, explica Mazzina.
Lagorio coincide en que necesitará buscar alternativas al petróleo, pero destaca que su estrategia es otra: “China es un jugador muy cauteloso y silencioso. Busca ganancias de mediano y largo plazo, no necesariamente militares”. Insiste en que su diplomacia, que arrastra cinco mil años de historia, trabaja con los tiempos.
Explica que el gigante asiático no intercede en conflictos bélicos porque busca exactamente lo contrario que es un ambiente tranquilo y propicio para potenciar su capacidad productiva y de exportación: “mientras Occidente juega al ajedrez y se obsesiona con matar al rey, China juega al Go, un juego milenario que consiste en encerrar al adversario, pero nunca eliminarlo”.
En su visión que comparte con POSTAL POSTAL, la política internacional de China es inteligente. “La hibris no te lleva a nada, la proporción y la sutileza no venden, pero a mediano o largo plazo tal vez escribís la historia -reflexiona-, como decía Napoleón, cuando tu enemigo se equivoca, dejá que se siga equivocando”.
4) Rusia: con este escenario, se fortalece en lo económico, en lo militar (y en lo discursivo con su «hard power»).

Si el conflicto se prolonga, Rusia se fortalece. Por un lado, al ser proveedor de petróleo, la suba del commodity lo beneficia. Además, en un intento por estabilizar al mercado, Estados Unidos levantó temporalmente las sanciones al petróleo ruso e iraní. “Esto le facilita a Moscú exportar más y que el resto de los países le compren sin miedo a represalias”, especifica Lagorio.
Por otro lado, dado que Estados Unidos flamea con menos vigor las banderas de la democracia, la libertad y el derecho internacional e instala una lógica de «hard power», Rusia queda menos expuesta para continuar su batalla en Ucrania. “Legitima el no cumplimiento del derecho internacional y el uso de la violencia y no la diplomacia”, afirma Lagorio.
Malamud agrega que Rusia también se beneficia de que Estados Unidos ahora derive todo su arsenal de defensa antimisiles al Golfo Pérsico, en lugar de a Ucrania.
5) Irán: el desgaste lo favorece, la lógica de la fuerza lo justifica, pero sus noventa millones de habitantes están atrapados.

Un mundo que hoy se rige por la lógica de la fuerza, «justifica» a un régimen teocrático, represivo y violento como el iraní. “Irán lleva cuatro semanas de bombardeo constante y no daría la impresión de que vaya a ceder, frente a la posibilidad de desaparecer, deciden apretar el acelerador”, observa Mazzina.
Lagorio concuerda con ese enfoque: “Irán ha sido atacado por el «Gran Satán» y tiene que defenderse. Creen que el desgaste puede favorecerlos. A menos que las fuerzas occidentales lo destruyan, hay para ellos una posibilidad de supervivencia en el desgaste”.
Sin embargo, el mayor perjudicado, según Malamud, es el pueblo iraní. Lagorio observa lo mismo: “¿Y los 90 millones de iraníes? ¿Qué posibilidad les estamos dando? Originalmente la idea era que se levantasen y tomasen el poder, no lo hicieron, quizá porque no pudieron o no quisieron”.
Lagorio recuerda la anécdota de Colin Powell, el famoso ex Secretario de Estado norteamericano, cuando entra a un negocio en China y lee una leyenda que decía «You break it, you own it»: “eso habría que ponerlo en grande para todos los que rompen, que no es monopolio exclusivo de Estados Unidos”.
6) Países árabes: ya nadie está a salvo (menos que menos, sus modelos de negocios).

Los vecinos de Irán, alineados a Estados Unidos, tiemblan. Hay una guerra librándose en sus territorios. El contraataque iraní, que probablemente ni Washington ni Tel Aviv esperaban, los convirtió en blanco de sus misiles y drones. “Irán contraataca a Emiratos Árabes y sus vecinos, y termina involucrando a todos”, comenta Mazzina.
Y pone el foco en las reacciones del Líbano y Qatar. El primero, a las 48 horas de iniciado el conflicto, notificó a Hezbollah, grupo terrorista financiado por Irán, que se retirara de su territorio. Por otro lado, Qatar suspendió la transferencia de fondos a Hamas, otro proxy de Irán. “Con un régimen terrorista como el de los ayatolás, ninguno está a salvo”, afirma Mazzina.
Para Lagorio lo más positivo para la región –y el mundo– es que Irán se debilite. Con sus proxies repartidos en el Líbano, Siria y Yemen, el régimen iraní no solo amenaza la existencia misma del estado de Israel, sino también la de ellos.
Esta inseguridad regional que genera Irán, señala Malamud, también afecta la viabilidad de su modelo de negocios. “Los países árabes con petróleo lograron crear grandes redes de comunicación como Al Jazeera, grandes aerolíneas y hubs aeronáuticos y grandes mundiales de fútbol”, explica, y en seguida se pregunta: “¿Tiene futuro eso?”.
7) Unión Europea: el riesgo de nuevas olas de refugiados y la intrascendencia (si sigue sin jugar fuerte).

Una guerra prolongada está lejos de ser un deseo del viejo continente. La Unión Europea es importadora neta de energía, por lo tanto, cuánto más suba el precio del petróleo, más se perjudica. “Le conviene que Irán abra el estrecho de Ormuz lo antes posible, pero no tiene las condiciones políticas para involucrarse e imponerlo porque las sociedades europeas rechazan la guerra”, desarrolla Malamud.
Por otro lado, el politólogo señala que si el conflicto se estira también corre el riesgo de que avancen olas masivas de refugiados hacia su territorio.
Mazzina recalca sobre otro de sus problemas: su escasa relevancia en el escenario internacional. Lo ilustra con un hecho muy reciente: “el día que Trump atacó Irán, la Unión Europea sacó una regulación sobre los potecitos de shampoo de los hoteles”.
La especialista sostiene que en el contexto actual no habría un “mejor” escenario para ella, pero sí enfatiza en que debería abandonar el debate de nimiedades internas y asumir un papel más protagónico en el teatro internacional. Si hay algo que le ha demostrado la invasión rusa en Ucrania es que hay que despertar.
8) Argentina: ¿ganamos «si ellos ganan»? ¿Corremos riesgo real?

La posición de Argentina no esconde ningún misterio. El presidente Javier Milei lo expresó sin ninguna ambigüedad: nuestra política exterior de alineamiento automático con Trump y Netanyahu. En su razonamiento, si ellos ganan, nosotros ganamos.
Sin embargo, para Lagorio, estaríamos lejos de una victoria. “Para países pequeños como la Argentina, lo único que garantiza estabilidad es el andamiaje multilateral del derecho internacional y la carta de las Naciones Unidas -considera-, la diplomacia es lenta, aburrida, pero es la vía más segura, sobre todo para el resto de los países”.
Según él, Argentina toma actualmente decisiones de política internacional que no corresponden a su tradición diplomática. “Este concepto de alinearse con personas, no es una política. La política exterior es una cuestión institucional en donde se procura cuidar los valores, los intereses, la historia y la cultura de un país. La personalización de la función pública no es sustentable ni efectiva”.
Para Mazzina, por el contrario, este conflicto no nos quedaría tan lejos. Primero porque ya sufrimos dos atentados terroristas por parte de Irán. Segundo porque hoy nuestros recursos naturales (el litio, las tierras raras, la energía) y la posición geográfica de Argentina, cotizan.
El comunicado de la cancillería iraní de la semana pasada también demuestra que Argentina no está fuera del radar de Teherán. Entre las declaraciones, dirigidas a Milei por sus dichos anti iraníes, se destaca una advertencia con tono de represalia: “el apoyo descarado del Presidente de Argentina a la agresión militar de Estados Unidos y del régimen sionista contra la República Islámica de Irán, constituye una violación de las obligaciones internacionales de este país y conllevará la responsabilidad internacional de Argentina”.
Con un mensaje así, podría pensarse que Argentina correría algún riesgo. Sin embargo, Lagorio lo descarta: “no creo que el régimen quiera ampliar tanto el conflicto llevándolo a la Argentina. Con responsabilidad internacional se refiere a errores de alineamiento y a una política internacional que se aparta del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas”.
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