En esta tierra, la hospitalidad encuentra nuevas formas de narrarse. Viñedos, paisajes que desbordan la mirada, arquitectura y memorias familiares: estos proyectos habitan el vasto territorio del centro oeste argentino. De lo íntimo a la experimentación estética, esta selección de hoteles de postal invita a vincularse con la cultura mendocina, la sofisticación y el paisaje. Aquí, destinos donde alojarse es ser parte de lo idílico, con la cordillera de fondo.
De lo íntimo a la experimentación estética, esta selección de hoteles de postal invita a vincularse con la cultura mendocina, la sofisticación y el paisaje.
1) Chateau D’Ancon: una hospitalidad íntima y con historia (una de las experiencias más singulares del lujo mendocino).

Château d’Ancón es una residencia en el valle mendocino que propone una forma de hospitalidad íntima, donde el vino, la historia y el paisaje organizan la experiencia.
Construido en 1933 por Domingo Lucas Bombal, el château conserva su carácter original: una casa familiar con mobiliario traído de Europa y un jardín diseñado por Carlos Thays. Con pocas habitaciones y una escala deliberadamente reducida, la propuesta se aleja de la lógica tradicional para recuperar una manera de recibir más cercana, donde el huésped habita el lugar.
El proyecto se apoya en una historia que comienza en 1908, cuando la familia plantó vid en La Carrera, y en una bodega inaugurada en 1926, pionera en la viticultura de altura. Hoy, en el marco de su centenario, Ancón reabre como residencia cultural y vitivinícola, integrando hospitalidad, vino y programación gastronómica en su nuevo espacio WineSpot.
A 1.400 metros sobre el nivel del mar, la experiencia se construye desde el entorno y el tiempo compartido. Château d’Ancón se posiciona así como una de las propuestas más singulares de la hotelería de lujo en Mendoza, donde alojarse es, ante todo, formar parte de una historia viva.
2) Chozos resort: como alojarse en una obra de arte con vista a la cordillera.

El paisaje se abre amplio, generoso, sin apuro y el verde se estira hasta donde alcanza la mirada. Ahí es donde se levanta Chozos Resort. En Alto Agrelo, entre viñedos y con la cordillera como referencia constante, el proyecto propone una arquitectura que mira a su historia. La inspiración de este hotel se tomó de construcciones ancestrales, con forma de bóveda o cúpula, vinculadas a los pueblos Uros y Huarpes, recuperando formas y técnicas asociadas a la cosmovisión andina.
Alojarse en este lugar es como estar inmerso en una obra de arte. El diseño se realizó junto al artista mendocino Sergio Roggerone y reúne piezas creadas por artesanos locales, con materiales de la región y trabajo manual en cada detalle. El resort cuenta con quince chozos y cuatro glam camps, además de un espacio para eventos y el restaurante Barro Cocina.
En el interior de los chozos hay una o dos habitaciones, cocina, terraza con vista a la cordillera, fogonero y minipiscina. En los glam camps, construidos con barro y juncos, hay una habitación y cada estructura presenta variaciones en su armado, dialogando con el paisaje abierto que define este sector de Mendoza.
3) SB Winemaker’s House & Spa Suites: siete suites que son el sueño de la icónica enóloga Susana Balbo, donde cada detalle tiene un sentido.

“¿Cuál es mi origen? ¿Qué me sostiene en la vida? ¿A qué aspiro, qué me moviliza? ¿Qué cosas bonitas tengo para dar? ¿Quiénes son las personas importantes en mi vida? ¿Cuáles han sido mis logros? ¿De qué cosas debo desprenderme?”. Estas son algunas de las preguntas que se hizo la primera winemaker argentina, Susana Balbo, cuando comenzó a imaginar el sueño de crear un hotel junto a su hija, Ana Lovaglio Balbo. Ese ejercicio de introspección fue el punto de partida de un proyecto donde cada detalle tiene un sentido y una historia detrás.
Las reflexiones que dieron origen a la idea atraviesan toda la propuesta y toman forma en el Árbol de la Vida, la obra del artista mendocino Sergio Roggerone que recibe a los visitantes al llegar a SB Winemaker’s House & Spa Suites, en Chacras de Coria. Una pieza artística que funciona como un símbolo que conecta lo humano con lo natural y guía la narrativa del hotel.
Ese concepto también se despliega en las siete suites del hotel. En los espacios se pueden ver la piedra volcánica originaria del lugar, sauna dentro de las habitaciones, grandes superficies vidriadas y un sistema tecnológico que permite controlar la iluminación, la temperatura y distintos servicios. El hotel también abre sus puertas a quienes no están alojados: en La Vida Restaurant o en el bar. Al mando de la gastronomía está la chef Flavia Amad, con una cocina de fine dining acompañada por vinos del portfolio de Susana Balbo, otra forma de acercarse a este universo donde vino, arte y hospitalidad conviven bajo una misma historia.
4) Finca Adalgisa: una auténtica finca mendocina, pionera en enoturismo donde todo es calma entre jardines añosos, rosales (y cenas entre viñedos).

Es miércoles por la mañana y en Finca Adalgisa, Gabriela Furlotti camina entre las hileras de un viñedo plantado en 1916. La acompaña su perro galgo y una rutina que no distingue demasiado entre la vida privada y el trabajo: “acá todo sucede en el mismo lugar”, cuenta.
La historia empezó en 2001, en un Mendoza donde el enoturismo todavía no era lo que es hoy y menos en Chacras de Coria, un pequeño pueblo en las afueras de la ciudad. En plena crisis, Furlotti decidió transformar la finca familiar —una casa de verano heredada, rodeada de viñas, acequias y frutales— en un pequeño hotel. Los primeros huéspedes llegaron en 2002, cuando casi no existían propuestas similares en la provincia. Así nació un proyecto inverso al habitual, una viña que sumó habitaciones para sostenerse en el tiempo.
Hoy, con 13 cuartos, la finca es una casa habitada. Entre jardines añosos, árboles, vides, rosales y rincones de sombra, el lugar es calmo. Ofrece degustaciones, clases de cocina, cenas entre viñedos o en su bodega artesanal, y una copa de vino diaria para cada huésped en el wine bar lounge, donde la experiencia se mezcla con la vida cotidiana. Finca Adalgisa abre sus puertas cada año del 1 de octubre al 31 de abril.
5) Entre Cielos Wine & Wellness Hotel: una invitación a bajar el ritmo y mirar alrededor, con el primer Hamam Spa de la región.

Un sendero entre objetos de arte, arquitectura moderna, jardines diseñados con especies autóctonas y el silencio que acompaña, es el que nos llevan a Entre Cielos Wine & Wellness Hotel. Unos metros son suficientes para que el paisaje y el encanto del lugar sean parte de este secreto entre pares. La cordillera siempre imponente está de fondo, un poco más cerca las hileras de Malbec, el cuadro que mejor representa a las postales mendocina. El hotel aparece entonces integrado a la finca, casi como una prolongación natural del terreno.
Ubicado en Vistalba, a pocos minutos de la capital de la provincia, el proyecto ocupa cuatro hectáreas plantadas con viñas. Todo indica que es una invitación a bajar el ritmo y mirar alrededor. El rasgo más singular del lugar es su Hamam Spa, el primero de Latinoamérica inspirado en los tradicionales baños turcos, que propone un recorrido donde el vapor, el agua y el descanso se siguen los antiguos rituales de bienestar. Las salas son cálidas y envolventes, la entrada es individual o en pareja y se ofrecen distintos circuitos pensados para relajar el cuerpo y la mente.
Todo se puede completar con tratamientos a base de uva, un guiño inevitable al corazón de Luján de Cuyo, una de las regiones vinícolas más importantes de Mendoza. Semillas y extractos de vid se utilizan en terapias diseñadas para nutrir la piel y recuperar energía. ¿Qué mejor lugar para aprovechar las cualidades reconstituyentes del vino?
6) Hualta Hotel: en el centro de la Ciudad de la Mendoza, con su propia bodega que ya lleva tres vendimias.

En el centro de la ciudad de Mendoza, Hualta Winery Hotel, Curio Collection by Hilton, propone algo poco habitual: un hotel que integra una bodega en su interior y concentra, en un mismo espacio, alojamiento, gastronomía y vino.
El proyecto comenzó en 2020, cuando su propietario, Julio Camsen, decidió avanzar con el desarrollo del primer hotel bodega urbano de la provincia junto a la cadena Hilton. El hotel abrió en 2023 y en 2024 se inauguraron la bodega urbana y el restaurante La Cabrera. Su nombre proviene del dialecto milcayac de los huarpes y significa “cerro”, en referencia a Gualtallary, la zona de donde provienen las uvas con las que se elaboran sus vinos.
La bodega, ubicada en el primer subsuelo, ya lleva tres vendimias y permite acercarse al proceso de elaboración desde adentro. Ofrece visitas guiadas, degustaciones y actividades participativas como “Manos a la obra”, donde los visitantes pueden involucrarse en tareas vinculadas a la vendimia. De este modo, el hotel reúne distintas dimensiones del mundo del vino en un mismo lugar.




Las fotos son gentileza para esta nota de los hoteles mencionados.






