«Chill, mate»: cómo es vivir en Australia y sus paradojas


Los argentinos son un enclave en este país joven donde la gente va descalza al super y «la ignorancia es una bendición». ¿Pero cómo son realmente los australianos? La tragedia de Bondi Beach y la esencia comunitaria inquebrantable. ¿Qué significa el «no worries» de los «aussies» en la vida cotidiana? No tienen idea quién es su ministro de Economía ni la inflación y hacen un culto de la vida natural. Un país de extremos y paradojas donde «te sentís cerca, estando más lejos que nunca».


En Australia viví dos años y medio, y nunca pude acostumbrarme a su inmensidad. Los primeros meses me decía a mí misma: “esto parece una simulación”. Los paisajes no me entraban en los ojos. Era demasiado impresionante para ser real.

En medio de la escritura de esta nota para POSTAL POSTAL, nos golpeó el evento trágico del 14 de diciembre. En un lugar tan inmaculado como Bondi Beach, en esa postal de mis recuerdos con arena dorada y surf. El tiroteo declarado “ataque terrorista” contra la comunidad judía australiana, quedará por siempre en la memoria colectiva. Fue el día en que su habitual tranquilidad se rasgó.

Pero incluso en medio del horror, aparecieron gestos de humanidad. Como la valiente y heroica intervención de Ahmed Al Ahmed, el frutero musulmán que desarmó a uno de los atacantes y evitó más muertes. Los homenajes en el mar, con el gran círculo de surfistas y nadadores, y el minuto de silencio previo al show de fuegos artificiales de Año Nuevo en Sídney para recordar a las víctimas y apoyar a la comunidad judía.

Australia cumplió la paradoja. Demostró que a pesar del terror, la esencia comunitaria es inquebrantable.

Foto: Luis Chavez (Unsplash +)

Es un país relativamente joven. Se unificó recién en 1901. Así que es adolescente. Quizás por eso su lema “No worries” (“no te preocupes”) y su despreocupación cuasi absoluta. Se te rompió algo, llegaste tarde, te equivocaste...chill, mate. “Mate” para ellos es “amigo”, aunque ahora también es la yerba que hace tiempo encuentran entre sus góndolas. Y es que allá los argentinos somos un enclave.

Los aussies tienen un pie en la cultura inglesa y otro en la inmensa porción de inmigrantes de todo el mundo. Aún así, tienen una identidad marcada que voy a intentar transmitir acá.

Es un país relativamente joven. Se unificó recién en 1901. Así que es adolescente. Quizás por eso su lema “No worries” (“no te preocupes”) y su despreocupación cuasi absoluta. Se te rompió algo, llegaste tarde, te equivocaste...chill, mate. “Mate” para ellos es “amigo”, aunque ahora también es la yerba que hace tiempo encuentran entre sus góndolas. Y es que allá los argentinos somos un enclave.

Por eso, aunque estuviese lejos, no me sentía sola. Los australianos son bastante parecidos a nosotros. Hay algo de lo comunitario que se siente familiar. Ni hablar de su “chicken parmi” (básicamente milanesa napo) y su amor por el asado (su “barbecue”), por lo que hay parrillitas eléctricas públicas por todos lados.

Australia es una burbuja continental. “¿Dónde queda Argentina?” me llegaron a preguntar más de una vez. Asumían que era en Europa. No los culpo (del todo). Viven en su isla, alejados del mundo. Por eso, encarnan la frase “la ignorancia es una bendición” que los alcanza hasta a ellos mismos. No saben quién es su ministro de Economía ni cuánto es su inflación. Viven livianos.

Y también viven temprano. A las seis de la mañana encontrar las playas repletas de personas corriendo, paseando al perro, surfeando o jugando al volley. Se mueven con el sol y la luna, por lo cual a las seis ya están cenando y listos para dormir.

Madrugan y Dios los ayuda con buenas olas y el mejor café que tomé en mi vida. Ellos saben lo que es un flat white y un buen desayuno, o “brekkie” como le dicen. Porque allá todo es apodo. Avocado (“palta”) es avo y sunglasses (“anteojos”), sunnies. Creo que no existe nada sin su versión acortada.

Se la simplifican. Quizás también por eso todo gira entorno a la naturaleza. Su tradición es vacacionar en familia o amigos en campings, por lo que hay muchos espacios públicos y privados para disfrutar de sus casas rodantes y vans. La infraestructura invita a tener ese tipo de experiencias, razón por la cual este verano, junto a mi novio, hicimos un roadtrip de dos meses por la costa este. Un lugar más lindo que el otro.

Y se la simplifican tanto que es muy normal verlos en patas por la ciudad, sobre todo en zonas costeras. Van descalzos al super, al banco, a la cafetería. Y esto tiene una explicación histórica: Australia se promocionaba a fines del siglo XIX como un “paraíso playero” para atraer inmigrantes de Reino Unido que escapaban de la Inglaterra industrial y gris. Y ese marketing del “viví relajado al sol” quedó tan arraigado que hoy andar descalzo es parte de su identidad.

Foto: Tiffy del Mastro en Australia

Por todo esto, vivir allá hace que el cuerpo se vuelva central. Para ellos, moverse no es “el plan del finde” ni un hobby: es cultura. Hacer trekking, surfear, correr o nadar forma parte del día, como el mate para nosotros. Y ese movimiento se refleja en el trabajo ya que muchos se dedican a oficios y trabajos manuales, por lo que faltan profesionales en áreas especializadas como Medicina, Psicología o Ingeniería, entonces el país incentiva visas laborales para cubrir esas necesidades. Así que sí, es un país de extremos.

Por todo esto, vivir allá hace que el cuerpo se vuelva central. Para ellos, moverse no es “el plan del finde” ni un hobby: es cultura. Hacer trekking, surfear, correr o nadar forma parte del día, como el mate para nosotros. Y ese movimiento se refleja en el trabajo ya que muchos se dedican a oficios y trabajos manuales, por lo que faltan profesionales en áreas especializadas como Medicina, Psicología o Ingeniería, entonces el país incentiva visas laborales para cubrir esas necesidades. Así que sí, es un país de extremos.

Pero ese relax convive con el otro extremo. Algo que me preguntan mucho es el tema de los bichos. Y sí, tienen algunos de los animales más letales del mundo, como arañas que pueden matar en minutos. Las vi. Y acá entran otras paradojas: no las matan, las atrapan con tuppers para liberarlas en el jardín; y de su veneno se fabrican antídotos para salvar vidas. Conviven con ellas.

Por todo esto, vivir allá hace que el cuerpo se vuelva central. Para ellos, moverse no es “el plan del finde” ni un hobby: es cultura. Hacer trekking, surfear, correr o nadar forma parte del día, como el mate para nosotros. Y ese movimiento se refleja en el trabajo ya que muchos se dedican a oficios y trabajos manuales, por lo que faltan profesionales en áreas especializadas como Medicina, Psicología o Ingeniería, entonces el país incentiva visas laborales para cubrir esas necesidades.

Así que sí, es un país de extremos. Estando lejos, me sentí más cerca que nunca. Teniendo obligaciones laborales, me sentí de vacaciones. Y estando cerca de animales salvajes, me sentí muy protegida.

Australia, hermosa paradoja.

/ Foto destacada: Seb Reivers (Unsplash +)

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